Efecto cercanía

7 Nov

El día que recibí el resultado de la biopsia y el médico habló de quimioterapia sentí que la muerte estaba cerca. Quimioterapia es una palabra demasiado larga, cuando la pronuncias cada letra se te clava en el pecho como una estaca. Se entierra. Te entierra. Me vi desvastada a corto plazo. Pelada. Sin cejas. Ojerosa. Flaquísima. Verdosa. Arrodillada frente a un inodoro. El aura de la enfermedad a lo Phiiladelphia comiéndome la cabeza. Y poco de eso pasó.

Ahora me doy cuenta de cuánto te nubla la vista el susto, porque en verdad yo temblaba ante algo que desconocía, al punto de que varios días después empecé a preguntarme qué carajo me harían en la quimio. Hasta que llegó ese 1° de agosto y todo se redujo a un pasillo en el hospital. Una fila de pacientes oncológicos esperando entrar a la sala. Mujeres, muchas mujeres. Los jueves cada 21 días a las dos de la tarde. Ocho boxs con sillones celestes que bien podrían estar en el living de cualquier casa. Roberto, el enfermero. Una aguja que se hunde en las venas. Sueros con las drogas. La espera. Y lo mejor: los vecinos. Sigue leyendo

Crecer

4 Oct

Ya tenés muelas, para moderme mejor. Amás tus libros de cuentos. Te especializás en el arte de revolear todo lo más lejos que podés. Tirás partes de rompecabezas por la ventana de este quinto piso. Sos desobediente por diversión, me la paso diciendote que no: no apagues la compu, no toques las hornallas, no tires el agua de la perra, no metas la mano en el inodoro… y vos más te esmerás en cumplir tu cometido. Mi resignación es tu arco del triunfo y los dos la pasamos bomba cuando activo mi modo hacéloquequieras. Aún no dormís de corrido de noche, conste que me debés ésta. Tenés locura por subirte a la calesita, atravesás la plaza al trote, señalando con las dos manos tu destino y aunque la abuela insiste en amigarte con los dientes de los caballitos, preferís los autos. Las pelotas te maravillan y yo las veo tan redondas y repetidas, pero es solo la adultez que te hace perder de vista lo fascinante. Se te caen las babas por comer choclos en pinches. Los berrinches te salen cada vez mejor y te diste cuenta que suelen ser más efectivos en lugares públicos, donde tu madre se acalora porque no puede domesticar tus 85 centímetros. La shitzu a la que aún no aprendiste a nombrar es tu perdición, compartís las bananas con ella, ya querés llevarla de la correa a pasear y la montás como a tu conejo inflable aunque te gritemos como locos que la vas a partir por la mitad. Apenas decís media docena de palabras. El finde con tu papá jugaban a las acobracias y descubriste que con el tres llega lo mejor, así que incorporaste el TES y qué querés, nos mataste de amor. Aunque hablas tan poquito ya entendés todo. Todo es demasiado en este momento en que tu madre se la pasa de tours por el hospital. No te mentimos. Te explicamos lo que pasa adaptado a tu tamaño. Me acompañás a llevar la droga para la quimio y mirás las cajas y sé que me escuchás atento cuando te digo que mamá con eso se va a curar. O cuando tengo mis días malos te das una vuelta por mi cuarto y me das la mano para levantarme de la cama y aunque no te conforma saber que necesito descansar, te trepás y me das unos besos y te vas. Y sin bien no te sale decir cuánto extrañás a papá que está en La Pampa, tu cuerpo habla por vos cada finde que lo ves llegar. Estás grande hijo, y no porque ya te compro talle 4. Estás grande porque crecimos de golpe estos meses. Porque eras un bebé y ahora sos un nene dándome cátedra de filosofía. Porque con vos me siento viva y no sobreviviente. Porque no hay drama si todos los días tengo un estallido de tus carcajadas. Sentime mi cielo, que sólo pasé a decirte feliz año y medio. Y a prometerte que va a estar todo bien.

Siga el baile

5 Sep

Será suerte, será el destino, serán los hilos de la vida que tejen una historia propia.  Nosotros no buscamos a este chango lindo. Llegó por una cadena de omisiones. Porque ese mes de julio no miré el almanaque con la marca para calcular la ovulación. Ni exigí el uso del preservativo como quien reclama un derecho. Ni pensé en espermatozoides aprovechando la oportunidad. Y hablo de mí porque algúndíamarido ya venía insistiendo con el tema. Yo habría esperado un par de años más, estaba tan maravillosamente ida en mi ego.  Ahora que lo digo, ahora que no sé si mis ovarios van a seguir activos después de la quimio, me da un escalofríos. No paro de besar al pibe, felizfelizfeliz de tenerlo.

Él hace que los días pasen como si nada, aún cuando carga su mochila. Ese viernes que recibimos el diagnóstico llegamos a casa con el único plan de acostarnos y dormir. Dormir como quien no piensa levantarse más. Creo que fue la primera vez que el nene almorzó una mamadera. Nos metimos los tres en la cama. Dos horas después él se despertó, habló algo en su chino mandarín, se sentó y nos tironeó para que nos levantáramos. ¿Qué otra cosa era posible? La vida seguía. Al rato bajamos a comprar facturas para merendar. Sigue leyendo

Máximas de una (im)paciente

14 Ago

Pasó la primera quimio. Ando muy bien, apenas un pico de fiebre el domingo. Bastaron dos inyecciones para recuperar las defensas. Ayer me dijeron que estoy divina con 12 mil glóbulos blancos y me dieron unas ganas locas de pelear. Embarazada las palabras que más repetía eran: no me jodan. Ahora las vuelvo a tener todo el día en la punta de la lengua. Los ratos que me siento mal soy un pollito mojado, pero si estoy bien me convierto en una dragona de dibujitos animados que escupe fuego por la boca con intención de quemarle el culo a los pelotudos que dicen pelotudeces. Para evitar quemados, aquí mis máximas de una (im)paciente oncológica.

***

. No soy guerrera. No voy a ninguna guerra. Corajuda como mucho.

. Tener cáncer no es una injusticia, en todo caso será una mierda, pero me tocó y punto.

. Si les da bronca vayan a gritar debajo de un puente, no me lo digan a mí ni peguen en sus muros de facebook afiches patéticos.

. Resfriados, empestados y en especial llorones: ¡lejos!

. Allá ustedes si les gusta pensar que de todo se aprende algo, a mí no me apetecen este tipo de lecciones.

. Si al hijo de puta le pasan cosas malas suelen opinar que se lo merece, si le pasa al bueno es porque tiene la fuerza para enfrentarlo, ¿si les pasa a ustedes? Sigue leyendo

Imagen

El lado izquierdo de la vida

1 Ago

Mi lado izquierdo siempre va a estar ligado a la vida, aunque hoy esa mama esté protagonizando otra historia y me lleve a pasar por un tratamiento. Cierro los ojos y sólo veo esta escena, la foto que hace apenas un año atrás tomó mi amigo Mariano Hair. Me quedo siguiendo el recorrido de mis venas, el pecho turgente, mi hijo que se llenó de rollos gracias a esa leche, esa conexión maravillosa que experimenté al amamantar. Tal vez no sea casual que esta sea la semana mundial de la lactancia materna y que hoy tenga mi primer ciclo de quimioterapia. Voy a volver a poner el cuerpo, detenida aquí: en mi pecho sano, mi cuerpo fuerte. En que habrá otra foto y todo será una circunstancia. En que no importa lo duro que sea: nosotros nos sostendremos abrazados, mirándonos a los ojos, tremendamente enamorados como entonces, como siempre. Esto también pasará.

mi lado izquierdo

Dame fuego

23 Jul

Me queman las palabras en la punta de la lengua, debajo de las uñas, en las pestañas, detrás de las orejas. Me queman y no sé cómo apagar el incendio. Me cuesta expulsarlas, soltarlas, dejarlas acá. Vengo de unos días tristes. Vengo de estar en un consultorio y que un médico me diga lo que no quería escuchar. Vengo de llorar como un recién nacido. Ese llanto que te brota de algún lugar profundo, que suena a quejido de un animal herido, que desfigura los ojos más mansos. Aún me cuesta llamar a las cosas por su nombre, decir con todas las letras el diagnóstico que me dieron, el tratamiento que sigue. Pero con los días me pongo fuerte, respiro hondo, afilo las garras. Los días crueles que vendrán serán también la oportunidad para estar bien. Una puerta, como dice mi amiga Griselda. No la puerta que una vez quería para mí, la de Narnia, sino una puerta que me va a traer de regreso. Estoy en su umbral ahora, tratando de hacerme cargo del susto y de tantos pero tantos miedos. Hay un pibito que todas las noches se duerme abrazándome y tirándome las orejas y hay un amor, decenas de amores, empujándome. Sí, me queman las palabras, aunque quizá esté bien. Son un poco el fuego interior que pone en marcha los motores. Porque dios mío, a esta la voy a pelear con cada célula de mi cuerpo, con esa alegría que yo sé que no voy a perder y con la seguridad de que aún me espera todo a la vuelta de la esquina.

Sector de migraciones

1 Jul

Dicen que cuando tenés un hijo ya nunca más vas a estar sola. A mí la frase me pone incómoda. Los críos no vienen al mundo a hacerte compañía. Y en mi caso, la maternidad muchas veces aún me conduce hasta sótanos donde protegerme de meteoritos y cuando la tormenta pasa salgo a la calle y siento que la raza humana se extinguió. Hasta que el má del nenito me trae de vuelta.

Nosotros somos del interior de Santa Fe. Cuando nació el chango vivíamos en Buenos Aires. Mi mamá nos acompañó la primera semana. La segunda, mi suegra. Al día 15 algúndíamarido se iba a trabajar pasaditas las 8 y volvía a eso de las 19. Por más padre presente que sea, son muchas horas de ausencia. Horas que por momentos para mí se hacían eternas porque me quedaba con mi almita tratando de hacer todo. Ni hablemos de las semanas enteras que viajaba por laburo. Hacerlo todo sola es difícil, al borde de lo imposible. Es un poner el cuerpo atroz. Es llegar a mearte encima porque no deja de llorar y no te sale dejarlo en su cuna 5 minutos: pensás que vos aguantás. Es un almuerzo a base de bananas. Es meterte a una guardia con un bebé porque estás con una brutal angina y no tenés donde dejarlo y comerte el sermón de una médica imbécil que te dice que ese no es lugar para un chiquito. Es decidir si esa caca, ese vomito, ese sarpullido es o no para preocuparse. Sigue leyendo

Minientrada

Ausente

27 Jun

PREGUNTALE A TU PADRE

porque aunque nos pese, nosotras no tenemos todas las respuestas.

4. Ausente

Por Anita Sant

Y el día del padre pasó, y no lo saludé. El no-saludo me duele más a mí. Sí, porque a mi todo me duele más que a él; porque yo siento en exceso. Dejé a medias el video que empecé lleno de fotos de Sofía, compiladas con cuidado obsesivo al ritmo de “Alba” de Diego Torres. Y lloré. Lloré por lo que significaba dejarlo a medias. Fue haciendo ese video, para su primer día del padre, que me dí cuenta lo poco padre que es. Porque así como no se es madre por parir, no se es padre por firmar un acta de nacimiento. Y esa canción, con la que lloré durante todo el embarazo, y que hoy le canto a mi hija hasta el hartazgo, no lo representa. Ese romanticismo de su paternidad, es todo mío. El no sabe cuánto pesa su hija, no sabe cuánto mide, qué color de ojos tiene, si está con mocos, si se ríe, si come. Lleva 42 días sin verla. La vió 3 veces, 10´ por vez. Suma media hora, de las 1.254 que Sofi tiene al momento de escribir esto. Y la vió media hora. ¿Solo las madres sentimos que no podríamos vivir sin los hijos? ¿Cómo se olvida un hijo? Sigue leyendo

De caracteres y municiones

24 Jun

No me sigan en twitter, no se aburran conmigo. Nunca tengo nada interesante para decir. No me salen las frases geniales. Pierdo inspiración ante la espontaneidad. Y mis niveles de egocentrismo son descomunales. Porque ahí soy un poco lo que critico. Ahí hablo básicamente de mi sueño: de mi no sueño, de lo mala persona que te hace el no dormir, de lo monstrua y jodida que te sentís. No me sigan en twitter porque amanece y escribo: buenos días los suyos. Y me alegro cuando alguna mañana, otra que durmió para el culo, replica el saludo. No me sigan porque las acuso de que todas mienten. Porque me quejo tremendamente del chango, sin reparo, sin hartazgo. Porque también caigo en la ñoñeria de repetir hasta el cansancio que mi pibe es el más lindo del mundo.

En twitter me siento como en casa, puedo andar en patas y hablar con la boca llena y quejarme del frío. En twitter festejé mis 32 años. Encuentro a diario otras locas de mierda que hacen que no me sienta sola, aún sola en este pueblo en el ombligo de la nada. Y ahí también conocí amigas, las que están en el minuto a minuto y te tiran un pañuelo cuando llorás desconsoladamente porque el nene se cayó y se cortó la frente, o te invitan a pelear al barro o te dicen en un tweet: avisame cuando llegás a destino o que te extrañan (sí, en la virtualidad también se extraña). Hacia allá voy cuando me encierro en el baño y el inodoro es la trinchera y los caracteres mis municiones. Sigue leyendo

Minientrada

Posdata

19 Jun

PREGUNTALE A TU PADRE

porque aunque nos pese, nosotras no tenemos todas las respuestas.

3. Postdata

Por Santiago García

Ser padre es un quilombo bárbaro. El que te dice lo contrario y te alienta con frases de los chocolates “Dos Corazones”, te miente. Es cierto que tengo solamente un poco más de siete meses de experiencia, y no podría decir: “ser padre es ASÍ o los padres somos TAL COSA”. Pero puedo asegurar que es lo más difícil y lo más lindo que voy a hacer en toda mi vida. Vamos por partes.

El embarazo es el anuncio de lo que se viene. Y como a mí me toca hablar del otro lado, tengo que decir que nosotros no entendemos una goma de lo que está pasando. De hecho, yo quería hablarle por el ombligo a mi hija. Así de poco conocemos el cuerpo humano muchos de los pibes de mi generación. Haciendo el papel de los convidados de piedra de todo ese bardo hormonal, de esa relación única entre la madre y su bebé, nosotros nos rascamos la cabeza y tratamos de seguir como si nada. Hasta que nos piramos. Bah, acá hablo de mi experiencia personal. Hasta que me piré, y si bien de eso no voy a hablar, “nadie está a salvo de la locura” antes, durante y después del embarazo. Ni siquiera los hombres. Sigue leyendo