Nosotras

6 Ene

Nos llevamos dos años y medio de diferencia. Al principio se notaba, claro. Tal vez dejé los pañales antes de que ella usara el primero. Quizá le baboseé su chupete cuando solté el mío. En un tiempo fui mucho más grande como para afirmarme en su catre y tumbarla al piso. Suficientemente mayor para instalar el pizarrón en sus narices y hacer de maestra. Alguna vez tuve el poder de dar las órdenes y que ella acatara. De subir la antena de la radio y abrir el libro que había armado con recortes de noticias que pegaba sobre las hojas que nos regalaban de la quiniela y convencerla de que ambas eramos buenas locutoras.  No me duró mucho. Ella creció rápido. Creo que a los 5 ya me alcanzaba en altura. Para peores mi madre compraba un retazo de tela y la modista sacaba dos prendas iguales. Camisas, por ejemplo. Camisas que en los 80 se usaban con unos cuellos desmontables más inmensos que un babero. Recuerdo una vez que estando de vacaciones una madre, en el intento de que su hijita dejara de llorar, nos señaló: “mirá las mellicitas”.

Quitando que medíamos casi lo mismo y que luego me sacó ventaja y ahora ya por siempre me llevará 10 centímetros, nunca nos parecimos en nada. O bien todo empezó como un juego que luego se hizo identidad. Ella robaba caramelos del negocio de mis padres y yo la descubría comiéndolos detrás del sillón del living pero jamás la delataba. Estaba siempre a punto de trompear a alguien cuando a mí me elegían mejor compañera. A la siesta si se enojaba conmigo armaba su bolsito acuadrillé de preescolar, metía una bombacha y un camisón y me juraba que se iba a vivir de la abuela, yo corría atrás de ella suplicándole que vuelva y le tendía la cama una semana entera. Ella salía en todas las fotos chinchuda, haciendo trompa, empacada con el mundo y yo solía mostrar una sonrisa, o media sonrisa, de pendejita bien domesticada. Mi hermana era de las que abandonaba todo a la segunda clase porque no le gustaba o simplemente se aburrió y yo de las que terminaba  por el simple hecho de haber decidido empezar. Fruta verde para ella, manzana arenosa para mí. Libros de poesías vs Los Palmeras sonando a lo que dé. No la soporté más cuando entré a la adolescencia y la descarada se ponía mi jeans preferido (a lunares con rosas, por dios, cuánto daño nos hizo la moda noventosa!) para ir a su clase de piano.

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2013: te lo perdono todo

26 Dic

Diciembre 2013 (169)

Regar el cantero

10 Dic

Entrar a un quirófono es sacar boleto para la montaña rusa y con el ticket en la mano sólo querer subir para bajar cuanto antes.  Ese instante en que besas a tu hijo en la cabeza y lo dejás en casa, ese segundo en que te suben a la camilla y mirás para atrás y ves a los que te aman que se ahogan en rezos y suspiros y lágrimas y fantasmas, ese fragmento de tiempo en que te das cuenta, de nuevo, que sólo sos vos, que estás sola. Hasta que aparece el anestesista y sentís que te ganás la sortija de la calesita. Cuanto te dormís todo se acaba. Fue el jueves a la tarde. Cinco horas después volví a la vida. Estaba en una sala de recuperación. La enfermera vió que no podía mover los brazos para secarme las lágrimas, preguntó si me dolía algo. Le estiré la mano. Necesitaba asegurarme de que estaba ahí, con alguien sosteniéndome el futuro. Lloré como lloro siempre, escupiendo hasta el corazón por los ojos. Y sólo me salió decirle: quiero a mi bebé, quiero a mi bebé.
Hoy ya estoy en casa, recuperándome, aliviada, en paz. Tengo 3 mm de pelo, estoy destetada y arrastro tres drenajes que me hacen sentir un árbol de navidad. Pero el pibe no se inmuta, nada le parece fuera de lugar. Entiende que no lo puedo tener a upa. Sabe que es su turno de hacerme sanasanacolitaderana. Él me ve con sus ojos oscuros como siempre. Tan entera como siempre. Entonces ahora Luna Monti y Juan Quintero cantan Regalitos y a mí se me atragantan todos estos meses, con la diferencia de que recuperé el cupo para tragarme los miedos maternos porque siento que tengo tiempo para la revancha, tiempo de  guardar “para siempre y por si acaso, bebé, lo más puro de mi vida, un cantero de besos y de abrazos, bebé, para verte florecido”. 


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Efecto cercanía

7 Nov

El día que recibí el resultado de la biopsia y el médico habló de quimioterapia sentí que la muerte estaba cerca. Quimioterapia es una palabra demasiado larga, cuando la pronuncias cada letra se te clava en el pecho como una estaca. Se entierra. Te entierra. Me vi desvastada a corto plazo. Pelada. Sin cejas. Ojerosa. Flaquísima. Verdosa. Arrodillada frente a un inodoro. El aura de la enfermedad a lo Phiiladelphia comiéndome la cabeza. Y poco de eso pasó.

Ahora me doy cuenta de cuánto te nubla la vista el susto, porque en verdad yo temblaba ante algo que desconocía, al punto de que varios días después empecé a preguntarme qué carajo me harían en la quimio. Hasta que llegó ese 1° de agosto y todo se redujo a un pasillo en el hospital. Una fila de pacientes oncológicos esperando entrar a la sala. Mujeres, muchas mujeres. Los jueves cada 21 días a las dos de la tarde. Ocho boxs con sillones celestes que bien podrían estar en el living de cualquier casa. Roberto, el enfermero. Una aguja que se hunde en las venas. Sueros con las drogas. La espera. Y lo mejor: los vecinos. Sigue leyendo

Crecer

4 Oct

Ya tenés muelas, para moderme mejor. Amás tus libros de cuentos. Te especializás en el arte de revolear todo lo más lejos que podés. Tirás partes de rompecabezas por la ventana de este quinto piso. Sos desobediente por diversión, me la paso diciendote que no: no apagues la compu, no toques las hornallas, no tires el agua de la perra, no metas la mano en el inodoro… y vos más te esmerás en cumplir tu cometido. Mi resignación es tu arco del triunfo y los dos la pasamos bomba cuando activo mi modo hacéloquequieras. Aún no dormís de corrido de noche, conste que me debés ésta. Tenés locura por subirte a la calesita, atravesás la plaza al trote, señalando con las dos manos tu destino y aunque la abuela insiste en amigarte con los dientes de los caballitos, preferís los autos. Las pelotas te maravillan y yo las veo tan redondas y repetidas, pero es solo la adultez que te hace perder de vista lo fascinante. Se te caen las babas por comer choclos en pinches. Los berrinches te salen cada vez mejor y te diste cuenta que suelen ser más efectivos en lugares públicos, donde tu madre se acalora porque no puede domesticar tus 85 centímetros. La shitzu a la que aún no aprendiste a nombrar es tu perdición, compartís las bananas con ella, ya querés llevarla de la correa a pasear y la montás como a tu conejo inflable aunque te gritemos como locos que la vas a partir por la mitad. Apenas decís media docena de palabras. El finde con tu papá jugaban a las acobracias y descubriste que con el tres llega lo mejor, así que incorporaste el TES y qué querés, nos mataste de amor. Aunque hablas tan poquito ya entendés todo. Todo es demasiado en este momento en que tu madre se la pasa de tours por el hospital. No te mentimos. Te explicamos lo que pasa adaptado a tu tamaño. Me acompañás a llevar la droga para la quimio y mirás las cajas y sé que me escuchás atento cuando te digo que mamá con eso se va a curar. O cuando tengo mis días malos te das una vuelta por mi cuarto y me das la mano para levantarme de la cama y aunque no te conforma saber que necesito descansar, te trepás y me das unos besos y te vas. Y sin bien no te sale decir cuánto extrañás a papá que está en La Pampa, tu cuerpo habla por vos cada finde que lo ves llegar. Estás grande hijo, y no porque ya te compro talle 4. Estás grande porque crecimos de golpe estos meses. Porque eras un bebé y ahora sos un nene dándome cátedra de filosofía. Porque con vos me siento viva y no sobreviviente. Porque no hay drama si todos los días tengo un estallido de tus carcajadas. Sentime mi cielo, que sólo pasé a decirte feliz año y medio. Y a prometerte que va a estar todo bien.

Siga el baile

5 Sep

Será suerte, será el destino, serán los hilos de la vida que tejen una historia propia.  Nosotros no buscamos a este chango lindo. Llegó por una cadena de omisiones. Porque ese mes de julio no miré el almanaque con la marca para calcular la ovulación. Ni exigí el uso del preservativo como quien reclama un derecho. Ni pensé en espermatozoides aprovechando la oportunidad. Y hablo de mí porque algúndíamarido ya venía insistiendo con el tema. Yo habría esperado un par de años más, estaba tan maravillosamente ida en mi ego.  Ahora que lo digo, ahora que no sé si mis ovarios van a seguir activos después de la quimio, me da un escalofríos. No paro de besar al pibe, felizfelizfeliz de tenerlo.

Él hace que los días pasen como si nada, aún cuando carga su mochila. Ese viernes que recibimos el diagnóstico llegamos a casa con el único plan de acostarnos y dormir. Dormir como quien no piensa levantarse más. Creo que fue la primera vez que el nene almorzó una mamadera. Nos metimos los tres en la cama. Dos horas después él se despertó, habló algo en su chino mandarín, se sentó y nos tironeó para que nos levantáramos. ¿Qué otra cosa era posible? La vida seguía. Al rato bajamos a comprar facturas para merendar. Sigue leyendo

Máximas de una (im)paciente

14 Ago

Pasó la primera quimio. Ando muy bien, apenas un pico de fiebre el domingo. Bastaron dos inyecciones para recuperar las defensas. Ayer me dijeron que estoy divina con 12 mil glóbulos blancos y me dieron unas ganas locas de pelear. Embarazada las palabras que más repetía eran: no me jodan. Ahora las vuelvo a tener todo el día en la punta de la lengua. Los ratos que me siento mal soy un pollito mojado, pero si estoy bien me convierto en una dragona de dibujitos animados que escupe fuego por la boca con intención de quemarle el culo a los pelotudos que dicen pelotudeces. Para evitar quemados, aquí mis máximas de una (im)paciente oncológica.

***

. No soy guerrera. No voy a ninguna guerra. Corajuda como mucho.

. Tener cáncer no es una injusticia, en todo caso será una mierda, pero me tocó y punto.

. Si les da bronca vayan a gritar debajo de un puente, no me lo digan a mí ni peguen en sus muros de facebook afiches patéticos.

. Resfriados, empestados y en especial llorones: ¡lejos!

. Allá ustedes si les gusta pensar que de todo se aprende algo, a mí no me apetecen este tipo de lecciones.

. Si al hijo de puta le pasan cosas malas suelen opinar que se lo merece, si le pasa al bueno es porque tiene la fuerza para enfrentarlo, ¿si les pasa a ustedes? Sigue leyendo