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Dame fuego

23 Jul

Me queman las palabras en la punta de la lengua, debajo de las uñas, en las pestañas, detrás de las orejas. Me queman y no sé cómo apagar el incendio. Me cuesta expulsarlas, soltarlas, dejarlas acá. Vengo de unos días tristes. Vengo de estar en un consultorio y que un médico me diga lo que no quería escuchar. Vengo de llorar como un recién nacido. Ese llanto que te brota de algún lugar profundo, que suena a quejido de un animal herido, que desfigura los ojos más mansos. Aún me cuesta llamar a las cosas por su nombre, decir con todas las letras el diagnóstico que me dieron, el tratamiento que sigue. Pero con los días me pongo fuerte, respiro hondo, afilo las garras. Los días crueles que vendrán serán también la oportunidad para estar bien. Una puerta, como dice mi amiga Griselda. No la puerta que una vez quería para mí, la de Narnia, sino una puerta que me va a traer de regreso. Estoy en su umbral ahora, tratando de hacerme cargo del susto y de tantos pero tantos miedos. Hay un pibito que todas las noches se duerme abrazándome y tirándome las orejas y hay un amor, decenas de amores, empujándome. Sí, me queman las palabras, aunque quizá esté bien. Son un poco el fuego interior que pone en marcha los motores. Porque dios mío, a esta la voy a pelear con cada célula de mi cuerpo, con esa alegría que yo sé que no voy a perder y con la seguridad de que aún me espera todo a la vuelta de la esquina.

Tristeza

12 Jun

La mamá de Laura Carlotto. La mamá de Luciano Arruga. La mamá de María Soledad. La mamá de Esteban Lucas. La mamá de Mariano Ferreyra. La mamá de Marita Verón. La mamá de Matías Berardi. La mamá de Candela. La mamá de Lucas Menghini Rey. La mamá de María Cash. La mamá de Kevin Sedano. La mamá de Ángeles Rawson. Y todas las mamás sin nombre que piden justicia a diario. Todas las mamás que le limpiaron los mocos a sus hijos y se asustaron con el primer pico de fiebre de 38 y lavaron pañales y fregaron los hombros de sus camisas vomitadas. Y les abrieron los abrazos para que se animen a caminar. Y con sólo levantarlos les calmaron el llanto. Y desfallecieron de amor cuando escucharon el primer má. Las madres, todas las madres, o casi todas, que vivieron con miedo de que se caiga de la hamaca y se lastime. Que una tos se convierta en bronquiolitis. Y que dejaron de trabajar o volvieron a sus laburos en busca de darles lo mejor o lo posible. Y les dijeron abrigate mil veces; y les dijeron cuidate otro millón. Esas madres que siguen y que una acá, en la soledad de su casa, con un hijo de apenas un año, no entiende, no le entra en la cabeza cómo hacen. De dónde sacan garra, fuerza. Cómo se sobrevive. Esas madres que ahora siento tremendamente cerca porque la empatía me carcome los huesos. Y no puedo, no quiero, ponerme en ese lugar. No hay forma de concebir la mínima posibilidad de meter mis pies en sus zapatos. Sólo me duele, me duele demasiado. Me duele desde el egoísimo de que quiero una vida para mi hijos hasta incluso libre de chichones y me duele porque mi hijo, tu hijo, nuestros hijos, son los hijos de todos. Son responsabilidad de todos. Porque mi hijo algún día puede ser el pediatra de los tuyos, el obstetra, el intendente del pueblo o el tipo que le da el asiento a una vieja cuando sube al colectivo. Mi hijo que ahora es niño pero será hombre y quiero que sea justo y que trate bien a las mujeres y defienda con garra sus ideales. Y que viva en un país justo. Por eso me duelen todas las madres. Me duelen todos nuestros hijos.

Defensa a la primera persona

5 Jun

Muchos de los que me conocen me dicen que se sorprenden de leerme. De que siendo yo bastante reservada, aquí abra las compuertas y lo cuente todo. Que me desnude en un espacio público, así, sin pudores. Y rezongue. Y putee. Pasa que no se me ocurre hablar de la maternidad desde otro lugar.

Soy lo que soy desde el momento en que lo apoyaron sobre mi pecho y aún éramos uno solo, unidos por el cordón umbilical. Y me fui inventado cada día. Me encontré con una tipa nueva y con un pibe que había salido de mi vientre al que amaba con devoción, con una locura que sigue en aumento, y con un miedo que crece cada día.

Me adentré en el puerperio sin saber lo que era. Me hablaron más de cuarentena que de ese estado que atravesamos las mujeres, que nos genera un shock piscológico, que nos sumerge en un submundo donde ese hijo se descubre en una y una se constituye a partir de su mirada.

Hice lo que el corazón me decía. Lo que el cuerpo me dejaba. A veces ni siquiera me importaba la opinión del padre, y no está bien, no me enorgullezco de eso, pero él se iba 8.30 y volvía casi a las 19. La carga de tantas horas solas con un bebé que demanda, demanda, demanda, me volvieron una tirana. Inventé mis reglas. Me importó un comino la opinión ajena. Confié en mi modo de encarar la maternidad aunque siempre tuve terror de ser una mala madre. Sigue leyendo

Falsas esperanzas

26 Abr

Casi 13 meses sin dormir de corrido. 390 días. 9360 horas. 561.600 minutos. Ya no me mientan, que no me gusta.

. Los cólicos pasan a los tres meses.
FUERON CUATRO.

. Dale una cajita de leche a la noche y lo dejás pepón.
ERROR.

. Cuando empiece a comer la papilla va a dormir mejor.
JAJA.

. Dejalo llorar un poquito, que éstos te toman el tiempo rápido.
PORQUÉ NO TE VAS A LA PUNTA DEL ACONCAGUA.

. ¿Probaste a ponerle Nestum a la última mamadera del día?
LO HICE.

. Dale un baño antes de llevarlo a la cama y lo relajás.
LA PASA BOMBA, SÍ.

. Si apagás la luz y le cantás y lo acunás, le bajás un cambio.
TODO EL REPORTORIO DE RUIDOS Y RUIDITOS ME SÉ.

. El colecho no falla.
SOMOS LA EXCEPCION QUE CONFIRMA LA REGLA. Sigue leyendo

Polvo de ladrillo

17 Abr

En 4 días nos mudamos. La casita pampeana que nos espera está amueblada, así que no vamos a llevar más que ropa y juguetes. Lo poco que estoy empacando me abre zanjas en el alma. Y cada vez que levanto la vista descubro que acá están todas mis cosas, esas cosas que le dan calorcito hogareño a este departamento y que hacen que cuando una hable del lugar donde vive diga casa.

. La ristra de elefantes que cuelga en la ventana.

. Esa pared que miro mientras escribo, pintada de amarillo.

. El sillón gris donde se te pasan todos los males.

. La radio belty de los años 50 que algúndíamarido encontró tirada pero la hizo andar y es nuestro enorme tesoro.

. El mandala que pintó mi cuñada. Agua, aire, tierra, sol.

. Las cortinas celestes y azules con botones rojos en el cuarto del niño.

. El Principito recién pintado. Sigue leyendo

38° con yapa

13 Mar

Tiene fiebre.

Y le escribo un mail a mi amiga María y en la postdata le cuento de los picos repentinos de temperatura. En once meses es apenas la segunda vez que le pasa. De la nada el marote le hierve, las palmas de las manos le queman. No tiene otro síntoma. No le cambia el humor. No deja de corretear con su gateo, de perseguir a la perra hasta arrancarle un mechón de pelos.

Pero el termómetro pasa los 38 y se viene el llamado a la pediatra, el ibuprofeno, el baño con la receta de la abuela, que empieza caliente y se va entibiando hasta que el agua está casi fría. Le beso la frente mil veces para comprobar que esté fresquito. Le controlo la temperatura obsesivamente. Y todos los caminos conducen a esa Roma que arde. Pienso que quizá agarró frío, que tal vez tiene la garganta roja, que seguro deben ser los dientes. Sigue leyendo

8 de marzo

8 Mar

NI SUMISAS NI DEVOTAS:

LIBRES, LINDAS, LOCAS.

Que todos los días de nuestras vidas nos traten bien, nos quieran bien.

Que no nos maten por ser mujer.

Que no nos desaparezcan para explotarnos. Porque yo soy Marita. Mi madre es Susana. Mi hija, Micaela.

Que se aplique la ley 25.929 para tener partos humanizados: que se respete nuestro cuerpo, nuestra intimidad, nuestras decisiones, nuestro dolor. Que podamos elegir cómo parir, dónde y con quién.

Que tengamos valor para denunciar la violencia obstétrica.

Que se escuche de nuevo: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

Que los hombres no nos ayuden, que hagan equipo con nosotras en la crianza de los hijos, en las tareas de la casa, en el camino para que ambos podamos crecer profesionalmente.

Que sea ley: un postnatal de 6 meses para la madre y de 20 días hábiles para el padre.

Que el desafío de educar varones menos machistas y mujeres más luchadoras en la defensa de sus derechos sea una oportunidad maravillosa.

Que cerremos el pico antes de juzgarnos entre nosotras. Que podamos mirarnos a los ojos e intercambiar zapatos.

Que jamás perdamos las ganas de bailar.

Que NO haya kryptonita capaz de debilitar el PODER FEMENINO.

Pobre tu madre

8 Feb

Nací en una ciudad del interior. Mamá era docente, papá tenía una carnicería. Al principio vivíamos en la casa-chorizo de los abuelos, pero antes de que cumpliera 5 nos mudamos a la propia. Estaba pegadita al negocio, en una esquina, y una puerta era el pasaporte para estar de un lado o del otro. Al principio con mi hermana nos despertábamos asustadas, hasta que nos dimos cuenta de que ellos estaban ahí, trabajando a unos metros de nuestro cuarto. A la semana nos tenían que zamarrear para levantarnos. Mamá había dejado la escuela para darle una mano a papá y para estar más cerca nuestro. Yo le cuestioné siempre cómo había sido capaz de tomar esa decisión, de resignar la docencia que era el combustible de todos sus motores. Ahora, recién ahora entiendo todo.

Crecimos detrás de mostradores. Volvíamos de la escuela y cuando se amontonaba gente, preguntábamos québuscaseñora, anotábamos las ventas en las libretas. El día que nos dejaron dar el primer vuelto y apretar el botón que abría la caja sentimos que nos graduábamos de almaceneras. A veces pasábamos horas pululando entre las cajas de mercaderías con los guardapolvos puestos.  En una mesita, detrás de una vitrina, hacíamos las tareas. Nos separaba de nuestros padres sólo el tiempo que demoraban en atender a un cliente. El “ya va” valía como distancia.

En mi San Justo, Santa Fe, no nos conocemos todos, pero casi. A la siesta los chicos del barrio andábamos en bicicleta, nos íbamos al parque, hacíamos exploraciones en las cunetas donde mi hermana aseguraba que estaba la tumba de Tutankamón. Sólo una vez sentí miedo por el barrio. Eran las cuatro de la tarde, con mi amiga Luci volvíamos de una clase de pintura, tendríamos 8 años. Y vimos en las vías a dos hombres. No sé porqué, habrá sido algo que escuchamos esos días, pero pensamos que nos raptarían para robarnos los órganos. Ah, la imaginación! Giramos sobre la marcha y le pedimos auxilio a una vieja que regaba las plantas en el jardín. Ella nos depositó en el negocio y mi papá me miró con cara de notepuedocreerlaboludez. O sea: la noción de miedo era un invento, como la sombra de la puerta del armario abierta que dibuja un monstruo temible en la pared. Sigue leyendo

Refuerzos

9 Nov

Algúndíamarido viaja bastante por trabajo. Ahora está volviendo, después de cuatro días que se me hicieron interminables. Porque hizo calor como si estuviésemos en enero y el ventilador escupía bocanadas de aire caliente. Porque antenoche le estaba dando la papilla a bebé y se cortó la luz. Porque no encontraba un recalcada vela. Porque dos horas después de eso el niño tosía como condenado y mi celular se había quedado sin batería. Porque estuve a punto de llevarlo a la guardia pero se me prendió la lamparita de pedirle prestado el teléfono a la vecina y comunicarme con la pediatra. Porque el corte empezó a las 21 y duró hasta las 5 de la mañana: la sensación térmica del cuarto estaba al borde de los 40 grados. Porque al otro día los dos amanecimos con moco, y la pregunta del millón: yo te cuido a vos y a mí ¿quién?

Y porque como si fuera poco, hoy vino a almorzar con nosotros una gran amiga, de esas que hasta traen la comida para darte una mano, o se sientan a jugar con el chiquito para que vos te bañes tranquila, o te baten el café mientras das la teta. Cosas tan chiquitas pero que saben como barrita de chocolate blanco. En fin, iba a que cuando llegó dijo:

– ¿Qué pasó acá?

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Soñar con dormir

12 Oct

Anoche lloré tanto que se me aflojaron los mocos. Lloré de cansancio. Lloré de hartazgo. Lloré de sueño. En especial eso: lloré de sueño. Van más de seis meses que no tengo una noche digna. Al principio bebé tenía hambre con precisión de reloj microondas: cada 3 horas comía. Antes de los 4 meses me ilusionó una semana con tirones de 4. Sólo una vez durmió casi siete corridas: fue un espejismo. Y estos últimos dos meses toma teta cada dos horas.

Nos vamos acostar y yo lo beso y suplico para adentro: que aguante 3 horas, que aguante 3 horas, que aguante 3 horas. Nada. Esta semana incluso empezamos con la papilla. Estaba convencida de que panzallena-corazóncontento, llegaría el sueño. Tampoco.

Una pasa 1440 minutos diarios pendiente de la criatura. Cualquier boludez que haga requiere estar atenta a una decena de factores que no se nombran, que pasan desapercibidos, que se naturalizan y que en algún momento te transforman en una loca de mierda que quiere patear a la perra o tirar a algúndíamarido por las escaleras o abrir la ventana y gritarle a la vecina que baje la música porque el niño duerme, laputamadrequetepario.

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