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BABY CRASH

31 May

Nota que publiqué en Revista ELLE Argentina- Mayo 2013.

BABY CRASH

Muchos parejas se separan después de tener un hijo. ¿Una maldición? De pareja a familia, una aventura en pañales. El amor en los tiempos de cólicos. 

Tener un hijo es como viajar a Europa: todos quieren ir, pero nadie quiere turbulencias. Pasa que el bebé tiene tres días de vida, y el padre, que por ley sólo tiene dos de licencia por nacimiento, debe volver a trabajar. La mujer de golpe se encuentra sola con una criatura que apenas conoce, que llora (y ni idea de por qué lo hace), que seguro se despierta cuando una quiere comer, que pide la teta a libre demanda, que decide sobre todas las leyes que rigen el nuevo planeta. Y con suerte, después de nueve horas regresa el hombre. Y mira los platos aún en la mesa, un pañal sucio sobre el sillón, la bata de nona que tiene puesta su pareja. Pone cara de no-es-como-me-lo-imaginaba… Entonces dice lo último que soportamos escuchar: “¿por qué no te peinás un poquito?”. De ahí a que vuelve un frasco de oléo calcáreo hay una distancia no mayor a un paso.

La actriz Mónica Antonópulos confesó en una entrevista que al principio, ni bien nació Camilo, vivía aterrada. Que pasó por muchas crisis de llanto y ¡la pareja se destruyó en mil pedazos!

Así de liso y llano.

Así, le quitó el empapelado rosa a la maternidad y mostró las verdaderas paredes de la vida ante la llegada de un hijo: con el revestimiento caído y grietas por las que no se cuela la humedad sino que llueve torrencialmente. El poder de negación no resiste las estadísticas: según datos de la Justicia Civil de la Ciudad de Buenos Aires el 54% de las parejas que se divorciaron durante 2010 llevaban menos de diez años juntos; el 34%, apenas seis. Y se sabe que convivieron poco tiempo y en la mayoría de los casos tenían hijos chicos.

Firmar un contrato

Baby-crash. Un fenómeno que implica la implosión de las parejas, la prueba de fuego que es traer un ser al mundo y no separarse en el intento. ¿Cómo? ¿No era todo felicidad? ¿Si él sigue siendo el hombre de tu vida, porqué no es el padre que esperabas? ¿Si es el padre que esperabas, por qué ya no lo sentís el hombre de tu vida? ¿Pero es él o sos vos? ¿Qué le pasa por la cabeza cuando te dice: “no pensé que te ibas a tomar así la maternidad”?

A-S-I. ¿¡Así!? Vaya una a saber si es halago o reclamo.

“Toda pareja, para funcionar, hace un contrato: resuelve cómo administrar el dinero, cómo limpiar la casa, quién se ocupará de cocina, de qué modo manejarán el tiempo. Cuando llega un bebé la clave es firmar uno nuevo, porque hay una mujer que se transforma en madre, un varón que se está construyendo como padre y un niño que está armando su tejido psíquico. En ese proceso sentimos que nos desconocemos, y en parte es cierto porque nos volvemos otros con la llegada de cada hijo”, dice Ivana Moyano psicológa a cargo de las clases de psicoprofilaxis para el parto en CEMIC.

Un insulto que se dice entre dientes, bajito, para no despertar al niño. Un portazo que a último momento no lo es, pero alguien se va a dar la vuelta a la manzana para cambiar de aire. Lágrimas que nos secamos antes de mojarle la cabeza al bebé que duerme en nuestros brazos.  Más catarata de vos-no-me-entendés que dice él y dice ella. “Dejar de ser pareja para pasar a ser familia es un momento de alta sensibilidad a la crisis, de mucha vulnerabilidad. Eso se conecta con estrés y ansiedad. Todo esta volátil. Las cosas se dan vueltas. Uno ve al novio, al marido, desde otro lugar y empieza a replantearse cosas. Crisis no significa amenaza, es parte de un momento evolutivo normal”, decía Andrea Baldantoni, psicóloga de Hémera, en Mamás con aire de radio.

“¡Quiero ir al baño tranquila!”

A Diana (32) le preguntaron cuándo buscaría el segundo. No soltó una carcajada porque está demasiado agotada. Es Jefa del área de calidad de una empresa alimenticia. Dice que está más próxima a separarse, que ni loca tiene otro hijo. Se siente muy sola. Se levanta 5 de la mañana, le da el desayuno a la Charito, corre para llegar a horario al jardín maternal, corre para fichar a tiempo en la oficina, corre a las 18 para ir a buscarla. Llega a casa y hace todo lo que hacía antes más todo lo que demanda la maternidad. “¿Si mi marido al menos prepara la cena? Ustedes no lo conocen”, responde a la ronda que le hacen las compañeras de trabajo.

“Aunque los tiempos han generado cambios en la paternidad, los primeros años están dominados por el rol materno y sin duda se cruzan muchos factores: el recuerdo de madres dedicadas a la casa, creer que la mujer es quien posee la facultad innata para criar, tener esposas celosas de sus hijos, miedos por no saber ejecutar el papel en forma eficiente”, opina Walter Ghedin, psiquiatra, autor de Tipos que Huyen (Ed.Lea). Un simple comentario, un cruce de miradas, un malentendido puede entonces ser una declaración de guerra. ¿Qué me quiere decir, que no es un trabajo cuidar 24 horas a una criatura que tenemos amarrada como grillete al pie? ¿El no se da cuenta que estuvo fuera de casa 10 horas, que habló de otra cosa que no sea caca blanda-pañales, que almorzó un plato de comida caliente y sin interrupciones? ¿Cómo que llega cansado y necesita un tiempo para él? Dice que no le “enchufe al niño”, ¿no entiende que lo estoy esperando para ir al baño tranquila?

Barajar y dar de nuevo. Para la lista del supermercado: 3 paquetes más de paciencia. Porque las recetas dicen que la clave está en decir las cosas de otro modo.

No reclamar sino poner en palabras lo que necesitamos, sin esperar que el otro se de cuenta solo… porque puede ser que eso nunca pase. Pedirle que nos acerque un vaso de agua en lugar de odiarlo porque no se tiene idea que amamantar nos pone locas de sed. O que fantasea con que seamos igual a su mamá ¡y no a la nuestra! O mordernos la lengua antes de criticarlos porque le pusieron ropa al bebé que no combina. O comprarles el termómetro para tomar la temperatura del agua y no trastornalos con que está muy fría o demasiado caliente. Aunque sí, suena a que “¡es otro trabajo de la mamá! Por arriba de todas las tareas que como mujer tenemos nos queda la de incluirlos, darles participación”, dice Manuela Laura Cesarato, ginécologa del Hospital Italiano.

El quid de la cuestión: “encontrar espacios de diálogo: son más necesarios que nunca porque el fragor de la batalla se lleva todas las energías, es como una situación de emergencia. Y tratar de que cada uno conserve además de la carga emocional que tiene jugando el partido, eso que llamamos el yo observador. Hay una parte de uno mismo que puede mirar la escena un poco desde afuera. Ponerse en el lugar del otro hace que cualquier intercambio sea más productivo”, opina Eduardo Drucaroff, médico psicoanalista de APA, especializado en pareja y familias. El decir lo que nos pasa, lo que sentimos, eso que a veces hasta nos cuesta poner en palabras porque ni siquiera sabemos trasmitirlo, ayuda a armar equipo. Sí existen los varones que cambian pañales, preparan la papilla, se turnan para llevar al niño a los controles pediátricos, ¡hasta están atentos al calendario de las vacunas!

Tercero en discordia

Esta es la época del amor en los tiempos de cólicos. La mayor preocupación de la vida pasa a ser un estornudo del recién nacido, las charlas con tu pareja se parecen tanto a esas conversaciones de tus amigas-con-hijos que tanto te aburrían antes, ningún deseo es más grande que el de dormir 5 horas corridas y un gesto de pasión cabe en meterte en el cama y que el padre de tu bebé te abrace cucharita. Si la vecina pasa a saludarte y comenta: “nena, no descuides a tu marido”, tal vez sea un aviso para que la próxima vez no le abras la puerta.

“Nadie te prepara para la situación de puerperio. Una tiene una revolución hormonal, con ganas de llorar por cualquier cosa y se convierte en el momento más crítico de la vida de la pareja. El hombre de golpe siente admiración por esta mujer pero la ve como la madre de su hijo y ese bebé es un intruso que se la está robando. Encima la progesterona disminuye el deseo sexual, y durante la lactancia los altos niveles de prolactina inhiben el eje ginecológico, en otras palabras… se siente como vidrio molido en la vagina. La mujer está rara, diferente, cree que no se va a volver a recuperar. Necesita afecto y paciencia”, explica Cesarato.

Esa madre se mira al espejo y no se reconoce. No sólo está despeinada, con rastros de vómito sobre el hombro, ojerosa de lo mal dormida (¡y esa paaaanza fofa!), sino que seguramente “no, no se siente sensual. Y encima si llega a intentar un reencuentro con la pareja, ahora hay un tercero en cuestión que seguro se despierta en el momento menos oportuno”, refiere Roberto Yahni, obstetra, autor de Voy a ser mamá (Ed. Utilísima). Así que más allá de las recomendaciones médicas, de los famosos 30 días de espera, los tiempos para el reencuentro se deciden, se buscan, se sueñan en pareja.

“Nació, me mudé y me ascendieron”

Laura (41) mira hacia atrás y se imagina una montaña. Sus hijas de 4 y 5 años y ella no están vestidas de escaladoras pero atraviesan ¡uf! la fase del descenso. “¡Tener dos hijos en tan poco tiempo para mí fue el anti-plan! No lo buscamos, pero lo deseamos, así que lo tomamos con alegría. Espero que mi nena menor nunca lea esta nota, pero su nacimiento desató una crisis en la pareja que, por supuesto, ya había mostrado síntomas, y fue imposible de remontar. Mi ex marido me descalificaba todo el tiempo. Que cómo no me quedaba toda la noche despierta si una tenía fiebre, que con dos mi carrera iba a estallar en pedazos, que irnos de vacaciones iba a ser todo un gasto y un lío, que la niñera era demasiado distraía, que los vestía como pobrecitos, que me importaba más hablar con mi mamá que con él… Yo lo sentí como una traición. Fueron pequeñas cosas, lo sé. Pero en un momento de tanta exigencia, cansancio y urgencias él no pudo ser un buen compañero. Nos separamos hace un año.”

Que no falten condimentos. El baby crash puede potenciarse con otras crisis vitales. “‘Tengo treinta años y me siento viejo’; ‘No puedo con todo: trabajo, demandas familiares, falta de encuentros amorosos’; ‘ya tendría que tener mi casa y un trabajo seguro’. Exigencias personales, comparaciones con el grupo de pares, imágenes de padres exitosos, todo confluye en un panorama desolador”, dice Ghedin.

Hasta las buenas nuevas resultan un peso. Un ascenso en el trabajo, conseguir el PH reciclado que tanto buscaron, la llegada en masa de los tíos que viven en la Patagonia, y quieren conocer a tu bebé.

Pero hasta las esquirlas de la relación que habían volado por los techos, se pueden volver a amontonar. ¿El desafío? “Generar espacios para que el vinculo amoroso pueda crecer, enriquecerse, mantenerse vivo, en un encuadre mayor como es la familia. La pareja no se debe diluir dentro del esquema familiar, por el contrario, deben convivir. Y el deseo debe acompañarse de acciones precisas: comunicar, acordar, acercarse, manifestar ternura, mirar y ver, escucharse.”

Mónica Antonópulos cerró aquella nota devolviéndonos la esperanza: “A medida que te encontrás con vos misma en ese nuevo rol, te podés conectar de a poco con el otro. Es cuestión de tiempo. Ahora ya recuperamos espacios en los que nos gustaba encontrarnos y estamos aprendiendo a buscar otros que incluyan a Camilo”.

ANGELES ALEMANDI

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27 comentarios to “BABY CRASH”

  1. María José Donohoe 31 de mayo de 2013 a 9:31 #

    qué loco! ayer tuve una discusión que incluía de todo un poco de lo que nombrás. Para mi esto va más allá del puerperio.

    • estaquetepario 31 de mayo de 2013 a 19:27 #

      sí, lo transciende. pero es un momento crítico que una embarazada ni se imagina.

  2. sarablancos 31 de mayo de 2013 a 9:56 #

    Pufff….nena que temita has sacado, a ver, lo primero, creo que se nos ha olvidado ser mujeres y los hombres de hoy en día flipan cuando nos transformamos en MUJER-MADRE, que conste que soy la primera que se ha comportado como un hombre en muchos aspectos de mi vida pero mi compañero me conoce muuuuyyyy bien y desde hace más de 20 años y me tiene calada, así que cuando me encontró llorando una tarde (mi bebe tenía 7 días) porque tenía 3 décimas…sí como lo cuento, solo me abrazó y me dijo “no te preocupes ya estamos juntos”, pues resulta que cuando de repente tus hormonas te ponen en tu sitio resulta que el “macho alfa” de la manada no sabe ni por donde le corre el aire, porque él está acostumbrado a vivir con un igual (me refiero a un macho, no a un igual de “en las mismas condiciones”), y de repente se encuentra a un ser que nada tiene que ver con su compañera de antes, este nuevo ser tiene características peculiares: tiene miedo (antes no lo tenía), se desvive por otro ser vivo que no es ella misma (antes no era así), está aprendiendo un montón de cosas nuevas (que no conoce, que nadie la ha explicado) y que debe incluirlas en su rutina (y rapidito), se encuentra con un ser vivo que depende de ella al 100% para todo 24h, y para colmo esta sociedad, donde la conciliación es de coña, la pide que lo haga en solitario. No es la misma persona, ni de coña, si tienes suerte y tu pareja te conoce, como dice mi madre, “como si te hubiera parido” todo irá bien, si te peinabas y cepillabas el pelo antes de que se levantara, no te tirabas pedos y no llorabas delante de él salvo en las pelis de amor, vas jodida hermana, tu compañero no tiene ni puta idea de quién eres….y no podrá ayudarte.

    Me he pasao un poco con la respuesta pero el post lo mere, jejeje

    • estaquetepario 31 de mayo de 2013 a 19:30 #

      tal como dices amiga del allén de los mares, el otro es un desconocido, una se desconoce a sí misma. la nota más que catártica me sirvió para la reflexión, para preguntar a profesionales sobre ese mundo al que entré sin tener noción de que se existía. pero se sale, se sigue, se aprende a vivir en familia.

  3. Lucesita 31 de mayo de 2013 a 10:22 #

    Que forma tan simple y clara de hablar sobre algo tan complejo =)
    No es todo color rosa, nadie nos dijo que tiene tintes grisáceos (y algo mas…)

    Cierro con esta frase de Inés Dibártolo: “UNA MADRE TIENE QUE NACER PSICOLÓGICAMENTE, TAL COMO SU BEBÉ NACE EN FORMA FÍSICA”

    Besos!!

  4. Agustinita (@agusenbici) 31 de mayo de 2013 a 10:27 #

    Mi puerperio no “fue” (yo creo que ya pasó) taaaan trágico. Hubo momentos de batas, pelos indominables, tardes eternas en la misma posición y en el mismo sillón que no soporta un mes más de uso, llantos, peleas, pero nada tan grave.
    Y el padre de la criatura no es como el del ejemplo así que no me puedo quejar (tanto).
    Siempre quise una familia numerosa, ¡ya! pero ahora me haces dudar… mejor espero un poco, no?
    Como siempre, buenisimo lo que escribís.

  5. labonaerense 31 de mayo de 2013 a 10:53 #

    Uf, que complicado. Muy buena forma de encarar todo, primero. Segundo, en mi experiencia, la que menos problemas me trae es mi hija. En primer puesto está el padre y en segundo los gatos.
    Yo hago todo lo que tiene que ver con Julia, el la tiene un ratito por día. Yo la llevo conmigo a todos lados con la tela. Nunca tiene palabras de aliento ni de cariño para mi, pero se ocupa de otras cosas y pide que valore eso. Justo cuando una esta tan vulnerable y pide amor a gritos. Pero bueno. Ya vendrán tiempos mejores.

    • estaquetepario 31 de mayo de 2013 a 19:34 #

      bona, estamos en sintonía, sólo cambio la palabra gatos por perra y le agregamos mis noches sin dormir que hicieron que todo se viera más negro.

  6. pibitoiscoming 31 de mayo de 2013 a 11:23 #

    Ufff… Admiro tu capacidad para abordar este tipo de temas con tanta claridad y coherencia. No sé qué nos va a pasar. Elijo ya no enroscarme al respecto. Lo que sí voy a hacer, es guardarme este post en una carpeta que tengo con varios artículos salvavidas por si la crisis nos supera. Yo y mis listitas 🙂 Besotes A!

  7. Sole 31 de mayo de 2013 a 11:36 #

    Querida amiga, necesitaba ver escrito que lo que me pasaba en los primeros tiempos de la maternidad era lo que le pasaba a otra mujer. En esos tiempos veía todo NEGRO, y sin retorno por momentos… con el tiempo parece que las cosas se van acomodando, muuuuy de apoco y con algunos altibajos.
    Después de parir, una realmente empieza a vivir por otro, ese otro representa todo el amor que nunca pensamos que podíamos sentir. Pero sí tengo que reconocer que el proceso para lograr el equilibrio entre la “nueva familia”, la “maternidad” y la “nueva relación de pareja”, lleva muuuucho tiempo, tal vez años.
    Coincido plenamente con vos en que la mujer al parir un hijo al mismo tiempo se pare madre, sólo que lo segundo lleva mucho más tiempo de adaptación que lo que se tardó en parir.
    Te mando un beso grande y siempre feliz de leerte.
    Nos vemos pronto!

    • estaquetepario 2 de junio de 2013 a 15:29 #

      GRACIAS amiga. es la parte que menos contamos y que más padecemos, quizá sólo por eso: por lo que cuesta ponerla en palabras. hay que pasarla! te quiero. en junio andamos por ahí.

  8. Carla 31 de mayo de 2013 a 12:38 #

    A mí me pasó que en el momento del puerperio todo, pero todo lo que él hacia me sabía a poco. No podía conformarme en nada. Mirándolo con la claridad que nos da el tiempo pasado, no puedo creer TODO LO QUE HACIA Y ME ACOMPAÑABA.

  9. Rookie Mom 31 de mayo de 2013 a 13:54 #

    Primero, mi querida, te felicito por la calidad de la nota. Me encanta el rigor con que está escrita, porque vas más allá de la opinión personal y tiene sustento.
    Yo sí hablo sólo de mi opinión personal: para nosotros la clave fue desde el momento cero, renegociar el contrato. Cuando todavía estábamos en Los Arcos, Alvarito ya dormía mucho, y esos días (y noches) tuvimos muchas charlas. Cuando nos dimos cuenta de la necesidad de renegociar nuestra relación fue cuando Marian me dijo “Por qué no aprovechás a dormir un rato y yo me quedo mirándolo por si se despierta. Cualquier cosa te aviso”. No me olvido más de ese momento. Ahí fue que comenzamos a sentar las bases de lo que haríamos con nuestra nueva vida, planificándolo todo.
    Suena medio a control freak, pero gracias a ese nuevo contrato por suerte nunca tuvimos reproches. Cuando iban surgiendo cosas nuevas, se volvía a charlar.
    Lo decís en tu nota. O al menos ese es el mensaje que yo capto. Y otra cosa: aprender a pedir (y por qué no, a exigir). Con amor y en paz, pero yo tuve que tragarme mi orgullo y aprender a hablar de lo que necesito.
    Disfruté mucho la lectura. Gracias.

    • estaquetepario 2 de junio de 2013 a 15:34 #

      creo que el diálogo hace la diferencia. y a la vez soy una convencida de que la maternidad y la paternidad se viven desde lugares muy muy distintos, entonces a veces el choque es inevitable.
      GRACIAS por eso de “la calidad de la nota”, más allá de lo que nos toca el tema es un mimo ese valor al costado profesional 🙂

  10. q más te digo… ya TODO esta dicho… simplemente sublimemente bien redactado jajaja
    para mi…2 años y 5 meses despues la crisis no pasa..! seguimos evolucionando… dejar de ser pareja para pasar a ser familia, es un trabajo de todos los dias..!

    besos Angeles… muy buen post..!

    • estaquetepario 2 de junio de 2013 a 15:35 #

      pero no es poco que hables de EVOLUCIÓN en lugar de divorcio, ja!
      beso enorme. nos leemos!

  11. madreinargentina 31 de mayo de 2013 a 20:45 #

    Es de una ingenuidad absoluta creer que un hijo une a una pareja. La une si trabajan a la par, como un verdadero equipo, y eso me hace pensar que este tipo de vínculo ya era así desde antes. Un hijo me parece que no hace más que afianzar lo ya existente… en cualquiera de los dos sentidos.
    Felicitaciones por la nota!
    Besos.

    • estaquetepario 2 de junio de 2013 a 15:40 #

      sí coincido que es ingenuo creer que un hijo une. pero no comparto que afianza lo que ya existe, no porque tras el parto nuestra psiquis y nuestro cuerpo vive un proceso nuevo y reencontrarnos lleva su tiempo y lo afecta todo. sí estoy segura de que si hay amor viene todo lo otro: el diálogo, la paciencia, el armar equipo y que eso lleva siempre a una familia en armonía.

  12. Memi 1 de junio de 2013 a 19:01 #

    Yo viví mi puerperio muy fuerte y muy sola pero no porque no tuviera con quién vivirlo sino porque a mí me cuesta mucho salir de mí y pedir ayuda o simplemente hacer catarsis… cuando intentaba hacerlo recibía como respuesta caras de espanto y de “pobre Memi, cómo le pegó la maternidad”, así que cuando me encontraba con eso más me encerraba en mí. Yo de por sí soy de las personas en las que “la procesión va por dentro” y hablo cuando todo ya está solucionado o encaminado. El puerperio me encontró muy desorientada al respecto porque sentía que sola mi procesión me iba a terminar desgarrando. Mi crisis no fue con mi hijo, para nada. En ese aspecto me gusté como madre contrariamente a lo que me imaginaba. Resolví las cosas de manera tan natural que me sorprendí a mí misma. Con el padre, debo reconocer que es muy compañero, cambia pañales hasta la fecha, da mamaderas, hace la comida, se lleva al niño para que yo tenga un momento de soledad, le pone onda infinita y además, trabaja bastante fuera de casa, o sea que tendría la excusa perfecta para no hacer nada y sin embargo, me pedía que lo espere para bañar a la criatura porque disfrutaba de ese momento. En definitiva, lo mío fue, literalmente, una crisis interna, conmigo, con lo que yo era antes de tener a mi niño conmigo, con los tiempos que manejaba, con las horas que dormía, con el cerebro limpio que tenía, con las conversaciones y lecturas interesantes que de golpe abandoné (por un tiempo prolongado), con el cuerpo que tenía, con la vida social que manejaba, con la responsabilidad relegada a un plano normal… mi crisis fue tremenda y solitaria porque yo no supe cómo llevarla de otra manera. Pero alguna vez te lo dije: un día me levanté y sentí: “todavía estoy acá” y ahí entendí que mi “soledad” se había acabado en ese sentido en el que la había vivido desde que nació mi hijo. Hoy pienso bastante en cómo viviré el puerperio con otro hijo y a veces me da miedo… por más que mi esposo es un sol, yo sentí una gran crisis porque me sentí incomprendida. Él hacía lo imposible por darme el espacio para que yo hablara pero era yo la que no encontraba las palabras (cosa que siempre me resultó sencilla) y él me desconocía porque yo sólo decía “no sé”… y hasta un día salí corriendo del dormitorio compartido y me fui a dormir al sillón, a llorar sola, con una tremenda angustia que no era desatada por la conversación inmediata posterior y lo dejé con un nudo en el estómago y su cara era la de un paciente neuropsiquiátrico agudo… la verdad, fue terrible, me sentí una incomprendida social, una neurótica obsesiva controladora, una desconocida absoluta… bah, una madre puérpera, qué decir… Mi pareja vivió una crisis, sin duda, pero a esta altura puedo decirte que es una crisis superada y fue una crisis superadora. Cuando “volví” lo vi mucho más claro por supuesto pero agradezco que mi compañero haya sido eso, compañero y paciente. Creo que él confió más en mi regreso que yo misma. Lo amo y lo sigo eligiendo y eso es buenísimo!!!!!
    Me encantó la nota, perdón por mi extenso comentario catártico!!!!

    • estaquetepario 2 de junio de 2013 a 15:47 #

      qué lindo comentario memi, qué intensa catarsis. me sentí tan identificada… y veía a tu marido y veía al algúndíamío, muchas veces desconcertado, queriendo ayudar siempre y no teniendo bien claro cómo, pero firme ahí a mi lado. yo también me sentía incomprendida, sin palabras, seca, vacía, ida y lloraba mares y me costaba decir porqué. muchos meses después supe qué era en verdad el puerperio. y de a poco, como bien decís una vuelve a reencontrarse. TE ABRAZO.

  13. Maruka 3 de junio de 2013 a 19:40 #

    excelente nota!!!! una mamá que amplía el horizonte de “lo decible” es lo que las eternamente “puerpericas” necesitamos! nada más que decir: gracias!

  14. Laura 10 de junio de 2013 a 9:04 #

    Ja Ja Ja
    Me encanto ! No me voy a borrar jamas la imagen tuya detras del EL , el rey , el tiranito que no te daba tiempo ni para comer ; casi no se te veia y EL , limpio , perfumado , cambiado bien dormido y super cuidado , hasta la cabecita tenia una capita de perfume y estaba super mullidita …… pero son nuestra vida , nuestra OBRA CREADA , nuestro motivo d orgullo y nosotras ….nos recuperamos y somos mas fuertes aun
    Te felicito
    me encanto
    Laura Cesarato

  15. Pauli 15 de diciembre de 2013 a 9:46 #

    Pero qué grossa!!!!!!!!!!! Estoy segura de que hacés entir muy comprendidas y acompañadas a las mamás. Imaginate que tengo tantas ganas de ser madre que ni leer lo difícil que puede ser me asusta!!!!!!! Ya llegará el momento…
    ABRAZOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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