Minientrada

De este lado y del otro

10 Abr

TRIBUTO A LAS MADRES

porque nos merecemos un homenaje permanente, colectivo e incorrectísimo.

11. De este lado y del otro.

Por Marina Garbarino.

Tuve un embarazo tranquilo, sin problemas, lleno de expectativas… sería el primer nieto de las dos familias, imaginen todo lo que ello supone, más aún en la mía pues vengo de pérdidas afectivas importantes, una fue mi padre y, hace 2 años, mi hermano, lo cual más allá del tango que todo eso supone, resultaba altamente esperanzador llenar de risas la casa, de cosas nuevas en que pensar: pañales, leches, papillas (de hecho, me  compré un libro para saber cómo prepararlas, pensaba en que mi hijo tuviera una dieta equilibrada y saludable), vecinitos con quien festejar cumpleaños, a cual guardería/jardín llevarlo para que socializara e hiciese amigos, qué se yo, miles de ideas y todo un mundo de proyectos…Tenía TODO, desde ropa de RN, hasta de 1 año; carrito de paseo con miles de accesorios, desde capa de lluvia y mosquitero, a juguetes; libritos para la hora del baño, CD con canciones en portugués –mi esposo es brasileño-, cuna, pañales, sillita de comer, el bolso de maternidad preparado, por las dudas tuviese que salir corriendo, la ropa lista, impecable. Lo único que faltaba era agregar al ajuar un par de sabanitas para moisés, por lo cual, mi madre se ufanaba bordando ovejitas en punto de cruz y diciéndome “coseme las sábanas, dale, pasame la máquina”…a lo que yo contestaba: “pará un poco, si todavía falta”…y ella respondía “uno nunca sabe”…bueno, como no lo hice, decidió hacerlo ella misma.

Y  la aguja se rompió.

Una semana antes, habíamos hablado vía skype con la familia de mi esposo. En esa conversación nos enteramos que mi suegra había ido a la oficina, como todos los día pero, y se enteró de que ya no pertenecía a la empresa…Si bien la noticia fue inesperada, la parte buena, es que no iba a tener que pedir permiso para viajar y visitar a su nieto cuando naciera, el 13 de mayo.. Cada control médico que iba lo que llamaba la atención al obstetra era la impresionante hinchazón de pies y piernas, pero bueno, todas te dicen…”los últimos meses, son los peores, siempre te hinchás, es normal”.

El jueves 7 de marzo a mitad de mañana me sentí mareada. Estaba en el trabajo, llamé al médico y le dije estoy como desnorteada, como al límite. Mandó a que me tomaran la presión, me acompañó una compañera. Al llegar al Sanatorio la guardia estaba llena y dijeron que debía esperar entre 15 a 30 minutos, que estaban ocupados con 2 personas cardíacas, decidí tomar un taxi hasta la Cruz Roja, ahí la enfermera que me atendió dijo: “tu presión nena es de 16,6 llamá y avisá a tu médico”. Lo llamé, así como también a mi madre porque mi esposo no contestaba el teléfono; tomé un taxi y volví al Sanatorio. El doctor estuvo ahí en 15 minutos. Tenía mucho calor, mi  nuca sudaba y tuve miedo… al bajar las escaleras, antes de entrar a la guardia vi a mi mamá y a mi esposo que aguardaban para ver/saber que pasaba. Mi presión llego a 18, trataron de estabilizarla y me dejaron internada. Mi médico monitoreaba el ritmo cardíaco de Theo y lo que oí no me gustó nada, ordenó me dieran una inyección para madurar los pulmones del bebé.

– La casa no es segura -dijo el médico refiriéndose a mi panza-, afuera va a estar mejor, hay más posibilidades.

Pasé esa noche en el Sanatorio, lloré amargamente, como si presagiara lo que vendría. Me adelantaron 12 hs la otra dosis de inyección para la maduración pulmonar, esa noche el bebé se movía muchísimo, de un lado a otro, la panza se ponía en punta, dura, como si Theo quisiese salir escapado de eso que sentía habían puesto en el cuerpo de su madre y que estaba actuando en él.

El viernes 8 el médico llegó temprano con un aparato para escuchar los latidos… estaban bajos, así que decidió ahí mismo, en el momento, hacer cesárea, no dejó siquiera me bañara con el desinfectante típico de las operaciones. Una enfermera apareció en la habitación pidiéndome ropa para el bebé, eligió rápido, mirando entre los dos conjuntos que había preparado, todo le iba a ir grande a mi vida. Fui calma al quirófano, supongo que para el equipo médico todo era rutina. Me encomendé a Dios y recé con fe. No sentí ningún dolor, ni el de la epidural, ni el corte, nada… solo rezaba para mis adentros y eso me tranquilizaba. Escuché el llanto de Theo, supuse que no lloraría pero sí, era fuerte, parecía un gatito. Nació a las 10:25 con un peso de 1,155 kgr. Me lo mostraron rápido, envuelto en un paño verde oscuro y no lo vi más, ni siquiera pude tocarlo. El médico, muy amoroso me dijo: felicitaciones, y me dio un beso en la cabeza. A Theo lo llevaron con urgencia al IPP (Instituto Privado Pediátrico) donde especialistas en prematuros se ocuparían de él y lo atenderían, dándoles los mejores cuidados. Quedé internada hasta el domingo a la mañana, primero por la herida y después por la presión, querían seguir monitoreándome. Para colmo, tuve de compañera de habitación una adolescente de 15 años, que había tenido una nenita (bastante kitsch la familia toda). No recuerdo el nombre de la chica, era una gorda desagradable, de esas que escuchan reggaetón y que embarazadas andan en moto, como si nada. De pelo corto, puesto para arriba, mal atado, pintado de amarillo, cuyas raíces iban del naranja al negro. El padre de la beba (de nombre Ailén o Mailén, bueno, de ese estilo, vino envuelta en una manta rosa chicle, llena de lazos al tono…uff Virgen Santa!) era un flacucho lleno de granos, que usaba una gorra con visera todo el tiempo y mas que ayudar solo durmió toda la noche  ocupando un lugar precioso en la habitación minúscula. Para dar una mano, estuvo la madre del pibe y más tarde cayó la madre de la gorda; del palo de la hija pero, con muchísima paciencia y caridad. La gorda parturienta berreó toda la noche: que me duele la muela, que poneme la tele, no quiero darle la teta y tanto la suegra como la madre le imploraban: …pero dale un poquito… a lo que la piba volvía a responder: te dije que no! Una situación de mierda. Las abuelas se turnaban para mecer la beba para que no llorara pero, de nada valía el esfuerzo, la piba, en sus treces, solo quería mirar MTV. Yo pensaba, qué ganas de pegarle, realmente daba ganas de matarla. Para intentar poner paños fríos a esa situación ofrecí darle mi teta, expliqué que mi hijo estaba internado porque era prematuro y, si no se ofendían yo tenía leche y le podría dar sin problemas. Las abuelas solo se miraron, preguntaron a una enfermera y esta dijo: es decisión de la familia (como tirando la pelota afuera). La madre de la gorda, pobre mujer sacrificada y llena de hijos, me dio la beba, la acomodé en mis brazos y le di la teta, no tomó nada, solo un poquito, quedó tranquila y se durmió. La beba solo quería estar con su mamá, sentir su olor, su calor. Al cabo de un tiempo, la gorda accedió a darle la teta pero, solo unos minutos. Después durmió a pata suelta. Temprano llegó la médica de la piba, que al enterarse que otra madre había dado de mamar a la beba, se enojó con las abuelas y conmigo, ni hablar, me sentí terrible. No sabía que estaba prohibido por ley, de nada valieron los argumentos acerca de la antigua existencia de las madres de leche.

Fueron eternas las horas, solo quería salir y correr a verlo a Theo, estaba desesperada, triste, apurada. La visita de mis amigos: Laura, Natalia, Mauro acortaban las tardes, nos reíamos y las horas pasaban rápido. Recuerdo que durante el mes de febrero fui a la obra social y, mientras esperaba mi número, leo un cartel que decía Plan Materno. Me acerqué a la empleada, le pregunté en qué consistía y me contó que, pagando un plus determinado, cubriría al bebé en el caso de llegar a necesitar internación. Pensé: siempre es bueno estar cubierto, por las dudas. Solo restaba entregarle un certificado médico que avalara mi embarazo y listo. Como todo sucedió tan rápido, olvidé que ese trámite estaba pendiente. Mi prima y una amiga (quien justamente trabaja en la obra social, terminó el trámite) me regalaron 2 pares de medias para prematuros. Qué risa, eran medias de hombre de color marrón con puntera y talón azul, el otro par era creo que gris con estampado de rombos, minúsculas. Mi esposo iba al IPP a cada rato y tomó unas fotos de Theo, era chiquito, era mi pulgarcito, todo en èl era mini, mi amor, era mi pichoncito, eso parecía. Mi mamá me contaba que se movía mucho, era muy vital, revoleaba la patita para todos lados, que sus manitas eran parecidas a las del papá, con dedos muy largos y que de cara era parecido a mí y que tenía mucho pelo. ¡Era peludo!. Natalia me decía: quedate tranquila, esos pelos después se le caen, jaja. En la foto tenía puesta una gorrita, era para sostenerle el oxígeno, ya que con la manito se lo sacaba. Todos me felicitaron y si bien estaba feliz, quería estar con él, ver su cara personalmente, poder tocarlo, olerlo, hablarle.

Domingo 10: salí del Sanatorio, me pareció una eternidad estar ahí, fui directo al IPP, no me importaba el corte en la panza, nada. Entré apurada, hice todos los pasos previos ansiosa, llegué a a la sala y ahí estaba mi amor, en una incubadora moviendo sus patitas y manitos, lleno de agujas, cables y una sonda en la boquita a través de la cual lo alimentaban y pasaban medicación, sondas en el pañal, estaba lleno de cosas pobrecito, mi vida. La recomendación de una de las médicas fue:

Nos cuesta mucho calmarlo, no le hablen porque él los escucha y es porque quiere estar con ustedes.

Me mató, yo quería que él supiera que estábamos ahí con él, que no  sintiera que estaba solo. Que eso que estaba pasando no era todo lo que existía después de su mundo tranquilo dentro de mi panza, donde en las tardes de gimnasia bailábamos y nos divertíamos o cuando saltaba al comer algo dulce, o las noches con hipo y tele… escribir esto, recordarlo, es terriblemente doloroso. Cuando entras al IPP tenés una sala de espera, lugar común donde llegan los padres hasta que se hace la hora de visita, ahí los padres comentan los pequeños progresos de sus niños, en esas escafandras transparentes, y te animan diciendo “todo irá bien mamá, vas a ver, mi bb estuvo como el tuyo y salió,…voy a traerte una medallita de el Padre Ignacio y agua bendita para que le pongas, querés? ”. Luego pasás un pasillo, entrás a un cuarto donde hay casilleros con los nombres de los bebés, allí,  antes de entrar a verlos, debés ponerte unas capas y lavarte bien las manos, sacarte los anillos. Después pasás a una sala previa llena de médicos y enfermeras y ahí , nuevamente debes lavarte las manos, hay un olor muy particular que invade todo. En el cuarto donde están los casilleros hay máquinas sacadoras de leche, me recuerdan a las ordeñadoras, ya que cumplen la misma función, ordeñarte. Luego, debes de entregar las mamaderas con tu leche, en la que debés  escribir con lápiz el nombre de tu hjo y se conserva para dárselas luego cuando  mejore, o esté en condiciones de tomarla. En el caso de Theo todavía no tenía el reflejo de la succión y, de administrársela, era a través de sonda nasogástrica. En la sala de las incubadoras cada padre se pone frente a ellas y espera ansioso que el médico llegue para dar el parte. Los nuestros al principioc eran estables/buenos pero luego, con cada hora que pasaba, se volvían sombríos. Siempre las médicas (en este caso, eran mujeres) te decían: “cualquier cosa nosotros los llamamos, tenemos sus teléfonos” y una piensa: ojalá Dios quiera NUNCA suene el celular, NUNCA hagan ese llamado.

Ese domingo la doctora dijo “el fin de semana fue muy complicado para él…” Una va llena de esperanzas, con todas las pilas que los demás padres te dan y al verlo y compararlo con el resto, siempre el tuyo es el más frágil, el más hilachita…no obstante no perdés la fé y bien cerquita de la puerta de la incubadora le contás que ya tiene DNI y que tiene que ponerse bien porque Vittorio y José Manuel (el hijo y el sobrino de Natalia) lo están esperando para jugar, que también lo espera el Chino (sobrino de Laura), Lucio (el vecino) y todos los chicos de la neo. Que tiene que ir el año próximo al cumple del Chino que había sido en esos días. Cada vez que nos teníamos que despedir le recomendábamos hiciera caso a las señoritas (por las médicas) y se portara bien.

Lunes 11. Su estado es grave, muy grave, se mueve menos, sus signos vitales son muy bajos, tan bajos que los monitores apenas los registran. Tiene movimientos reflejos cuando el papá le habla. Para que no estuviera solito le pegamos estampitas de Jesús Misericordioso, la Virgen Desatadora de Nudos, la Medallita del Padre Ignacio, la Virgen de Fátima con miles de angelitos que sostenían su manto, rezamos con mucha fe,  pedíamos que se mejorara, que nada era imposible para Dios y que los milagros sí suceden. Lo tocamos, le hablamos mucho. Esa noche tengo un sueño muy extraño. Sueño con el árbol de la muerte, con flores púrpuras y espinas como agujas afiladas, pero que Theo sorteaba con éxito.

La mañana del martes 12 fuimos a verlo. Su pronóstico era peor que el del día anterior, entrar a verlo fue devastador, estaba cubierto con plástico para que no perdiera calor, la doctora dijo: “está muy muy grave, tiene todo al máximo, adrenalina, respirador”. Lo tocamos y le hablamos mucho. Me era muy difícil no llorar. Las madres te decían, debes de ser fuerte, llorate todo antes, no frente a él…pero juro que nunca pude, me era muy difícil. A las 20:00 hs de ese día recibimos el llamado que nadie nunca quiere recibir, nos pedían que fuéramos porque su estado era crítico. Llegamos como un rayo. Entramos los 3 (el papá, yo y mi mamá). Pedí que por favor me lo dejaran alzar, era tan tan chiquito, tan frágil, era un pichón que agonizaba. Le dije:

– Mire querido, de este lado y del otro hay gente que lo espera y lo ama, así que usted decida donde quiera ir, ya nos reuniremos de nuevo, espéreme un tiempo, sabe.

Y recé unas oraciones a manera de cuento: el Padrenuestro, el Ave María, al Ángel de la guarda, el Credo de Constantinopla…y así mi Theo amado cruzó al otro lado. Me alivia saber que pude bautizarlo dándole el Agua de Socorro. Tengo mucha tranquilidad espiritual, porque sé que Theo está en paz, contenido, acompañado de sus ancestros. Ahora nada le falta, está pleno. Theo solo se adelantó, porque, en definitiva para allá vamos todos…quien puede decir que Dios está muerto?

Tengo días en que lo extraño terriblemente, sé que es un pensamiento egoísta. No me pertenece ni un solo cabello de su cabeza, ahora toda mi energía está en sobreponerme y volver a empezar. Creo que de eso se trata todo.

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23 comentarios to “De este lado y del otro”

  1. estaquetepario 10 de abril de 2013 a 10:20 #

    marina, como dije en fb: gracias por el coraje de llenar de palabras tanto dolor, por tu grandeza de ofrecerle la teta a otro bebé mientras tu hijo estaba en neo, por la fortaleza de la despedida, por aferrarte a la vida como una leona.

    la tribu 2.0 está acá, acompañándote, abrazándote.

    • Marina 11 de abril de 2013 a 19:42 #

      Gracias por todo el apoyo, las fuerzas y lo positivo que en cada mensaje me dejan las mujeres que leyeron esta historia. Siempre las esperanzas se renuevan, hay que sobreponerse y ayudarse con todas las herramientas que se tengan, buscar sostenes amigas.
      Recibo cada abrazo de ustedes.
      Marina.

  2. MonaLisa 10 de abril de 2013 a 10:34 #

    Q desolación! Conozco a Marina, a su madre, conocí a su padre tan lleno de vida y a su hermano fuera de serie, Fernando, un ser lleno de luz. No sabía de todo esto. No puedo creer estar leyendo con Milo en brazos. Siempre me contuve de postear sobre la neo y el miedo de la muerte pq es muy doloroso y tuvo final felíz. Pero pasé casi lo mismo, con la diferencia de q Milo no estaba tan mal y me lo retuvieron para cobrar la internación. Cdo lo supe le exigí a los gritos a la jefa de neo q firme su alta y salí, como clandestina, un sábado a las 11 de la noche con mi hijo en brazos. Es tremendo pasar por todo eso, yo en ese lugar me gasté todas las lágrimas. Cuando vuelva a ver a Marina… La abrazo!!

  3. Natalia Jenik 10 de abril de 2013 a 10:36 #

    No te conozco y probablemente nunca nos veamos, pero a partir de hoy siempre estarán vos y theo en mi corazón y mi alma. Realmente es un angelito tu bebe. Gracias por tu valentía. Natalia Jenik

  4. Cintia CGL (@cincgl) 10 de abril de 2013 a 10:44 #

    qué injusta la vida, qué contraste con la chica de al lado, una vez más “dios le da pan al que no tiene dientes”, aunque esta es de las pocas ocasiones en que rescato a la religión, qué bueno que seas creyente Marina, yo que soy tan atea creo que si me pasa lo que te pasó me suicido, ojalá Theo esté esperándote para reunirse con vos algún día… y con los hermanos que tendrá

    • Agos 10 de abril de 2013 a 17:41 #

      Yo también soy atea y comprendo la muerte como parte de la vida. Sin dudas es más fácil creer en el paraíso.

  5. Inez 10 de abril de 2013 a 10:45 #

    Marina: no imagino cuanto dolor y sufrimiento siguen en tu corazón, gracias por contarlo, por compartirlo, como vos bien dijiste Theo solo se adelantó, allá vamos todos. No estás sola, nunca estarás sola, admiro tu fortaleza. Te abrazo fuerte fuerte a la distancia y elevo una oración por ustedes.

  6. sarablancos 10 de abril de 2013 a 10:52 #

    Pivita me has roto el corazón en mil pedazos, estoy llorando a moco tendido en la oficina…

  7. sradiaz 10 de abril de 2013 a 11:05 #

    Una historia desgarradora, muchos ánimos a ésa madre, muchos cariños.

  8. Manuela (@ManuchaViale) 10 de abril de 2013 a 11:18 #

    Nudo en la garganta y en el corazón. Admirable fuerza de madre. Abrazos

  9. SOLE 10 de abril de 2013 a 11:23 #

    Que tristeza infinita. Me pasa como a Natalia por siempre en mi corazon
    mucha fuerza

  10. Raquel de Cuando los sueños despiertan 10 de abril de 2013 a 11:32 #

    Se me ha roto el corazón, estoy llorando delante del ordenador de la oficina, no puedo parar…que dolor…lo siento mucho, mucho ánimo Marina. Un abrazo

  11. Patricia 10 de abril de 2013 a 11:41 #

    Solo lloro y no puedo parar.

  12. Elena 10 de abril de 2013 a 12:10 #

    Sólo puedo darte un abrazo desde aquí y decirte que eres un gran mujer y que te mereces lo mejor. ¡ Te mando muchísima fuerza !

  13. Celi 10 de abril de 2013 a 12:52 #

    qué fuerza admirable escribir y contarnos lo que te pasó. Mucha admiración por vos!

  14. BBsebusca 10 de abril de 2013 a 13:17 #

    Me quede dura. Hoy empiezo a dimensionar, hoy con este relato dimensiono, me doy cuenta que lo siento distinto porque tengo a mi bb adentro. Marina, te abrazo, te admiro y me voy a tomar el atrevimiento de pedirle a Theo que sea feliz y cuide de mi BB!
    te abrazo enormemente!

  15. Magali 10 de abril de 2013 a 13:58 #

    No se qué decirte. Solo lloro y recuerdo que mi mamá perdió 3 hijos y en cómo habrá hecho. Supongo que en parte lo que vos estás haciendo lucharlo, verlo del lado de la vida y seguir para adelante. Soñar con él, imaginarlo y sentirlo en otra parte. Saber que está pleno y feliz. Si en algo podemos ayudarte contá conmigo. Un abrazo interminable y toda mi admiración por hacerle frente a esta situación.

  16. Pilar 10 de abril de 2013 a 14:16 #

    Qué fuerte Marina, tengo un nudo en la garganta. Me calma leer que tenés mucha tranquilidad espiritual, y que eso te permita volver a empezar. Gracias por esa enseñanza. Un abrazo con el corazón, Pilar.

  17. madreinargentina 10 de abril de 2013 a 19:13 #

    A veces me parece que las palabras sobran… Prefieron abrazarte fuerte!!!

  18. maffi22 11 de abril de 2013 a 22:14 #

    Hoy acompaño solo desde el silencio. Admiración profunda frente a la templanza de dejar ir.

  19. Memi 11 de abril de 2013 a 22:37 #

    Qué fortaleza tenés… creo que mis palabras sobran… te abrazo enormemente…

  20. Madre de Uno 13 de abril de 2013 a 12:20 #

    Que fuerza Mujer! Gracias por dejarme ver cuantas cosas no he podido valorar suficiente. Abrazo

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  1. 8 meses | madredeunoporahora - 13 de abril de 2013

    […] navegando y encuentro la ultima entrada TRIBUTO de ESTAQUETEPARIO (https://estaquetepario.com/2013/04/10/de-este-lado-y-del-otro/comment-page-1/#comment-1079 ) y me siento una #malamadre y no dejo de […]

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