Beauty puérperas

Me muero muerta.  Estos días dos mamás blogueras me contaron detalles preciosísimos -en el sentido más literal- que confirman que la coquetería no se pierde jamás. Amo ser mamá dice que no sólo cayó a parir con el pelo planchado sino que se llevó la planchita! Rookie mom me cuenta que al mes 7 había preparado junto con el bolsito del bb su kit de perfumería y hasta tenía una amiga cómplice que le llevaría esmalte si el anestesista cumplía la amenaza de despintarle las uñas de manos y pies.

Mi versión es bastante diferente. De lo único que me aseguré fue de llevar para mí bombachas descartables. Sí, el mejor consejo que me dio una gran pero gran amiga. Porque después del parto es mucha la hemorragia y el caos amerita restar preocupaciones. Entonces: usas y tirás. A otra cosas mariposa. Ni siquiera cargué el desodorante porque en el curso pre-parto dijeron que el niño para prenderse a la teta debía reconocer el olor de mamá. Boluda total, ya sé. Pero mostré mi lado más cuidado cuando me negué a comprar un camisón para futura mamá, de esos que se desprenden y hacen más fácil amamantar. Usé uno divino con florcitas celestes, tan hippie chic como inútil. Verán que el único instinto a favor de la belleza me salió por la culata.

 

Ni les digo lo que quedaba de mí después de pujar y pujar y seguir pujando. Tenía cara de haber corrido la maratón femenina de los 40 km de los JJOO.  Algunas de las atletas llegaban a la meta y caían redonditas, reventadas. Yo me sentía más o menos así. Y acompañaba con un look de despeinada que le ganaba por lejos a esa maraña con la que te despertás luego de acostarte con el pelo mojado.  Las ojeras no eran ojeras, eran las manchas de un oso panda, como dijo otra mamá twittera. Y mi teta ya no me pertenecía, pasó a ser un bien común.

Prohibí terminantemente que me saquen fotos. Hay dos o tres que tomó mi hermana cuando me descuidé y confirman mi teoría. Juré que le quitaría hasta el saludo si alguien se atrevía a inmortalizarme con el flash y etiquetarme en Facebook en ese estado.  Atentado a la dignidad. Debería estar penado escrachar así a una madre.

En fin, todo porque recién llegué a The Subway Beauty Salon. Una galería fotográfica de mujeres que se maquillan en el subte. Y pensé que seguro esas tipas son de la misma especie que las que llegan al hospital con los tobillos hinchados, la nariz que estalla, la panza que requetepica de lo que tira la piel, pero no se olvidan de seguir estando divinas. Aunque yo insisto en que el 99% de las parturientas no tienen nada pero nada de beauty puérperas.

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