No dirás el verbo parir en vano

4 Nov

La semana pasada me escribió una amiga, que pronto publicará su primer libro. Por esos días estaba haciendo la revisión final, antes de enviarlo a la editorial. Decía: “necesito sacarme el texto de encima, no puedo seguir corrigiendo. Cada tanto, alguien me dice ‘es como un parto’. Yo pienso que ustedes se cagarían de risa”.

*

Hoy se cumplen 7 meses de la llegada del niño.  Tenía fecha probable para mediados de abril. El domingo 1° me encapriché en armar la practicuna, para tenerla lista no más. Después supe eso de que una prepara el nido. Será. El lunes, pasadas las 21, estaba desparramada en el sillón mirando Grey´s Anatomy cuando sentí la primera contracción. Y al rato vino otra, y una más, y así. Algúndíamarido estaba sentado frente a la computadora. Le dije y abrió una tabla de Excel. Qué quieren, es ingeniero. Empezó a anotar. Calculaba el promedio de tiempo.

Tres horas después fuimos a la guardia. El dolor era muchísimo más soportable que la ansiedad. Tenía 4 centímetros de dilatación. Como diría mi papá: ni chicha ni limonada. El parto se podía desencadenar, o no.  Nos llevaron a una habitación y dos cintas celestes apretaron mi panza. Toda la noche estuve conectada a un equipo que contaba los picos y la frecuencia de las contracciones y los latidos del bebé.

Algúndíamarido se sentó a un costado de la cama. Me fastidiaba tomando fotos con el celular. Ahora las miro y no puedo creer cuánto me brillaba esa panza. Lo enorme que era. Tipo 4 de la mañana llegó otra parturienta y nos vino a alegrar un poco la espera. Ella no sabía que nosotros estábamos a un par de camas, en aquella sala donde se vive la previa. A la loca se le dio por imitar a las mujeres que aparecen en Un bebé por minuto, el programa de Home and Health. Decía en tono neutro algo así como:

– Oh por dios. Sácalo. Sácalo. Sácalo ya.

Pensé que la risa apretada a la almohada me iba a ayudar a dilatar. No. A las seis de la mañana nos mandaron a casa: a esperar. El martes 3 de abril fue larguísimo. Lo recuerdo cortado. Quise hacer un montón de siestas. Cosa imposible. Me bañé como tres veces. O cuatro. Comí un postre danet de vainilla. Al mediodía volví a la guardia, y a las cinco de la tarde también.

Hasta que se hizo la noche. Literalmente. Yo estaba convencida de que este asunto iba a ser un trámite. Una sabe que cada quien hace su propia experiencia. Pero a mí me ahorraba un montón de retorcijones de panza pensar que estaría dentro de ese selecto grupo de mujeres que escupen a la criatura. Entonces, cuando por tercera vez nos aparecimos en la guardia con el bolsito a cuadros y ya contaba más de 24 horas de contracciones, creí que lo que seguía sería rápido. Seguro que cuando el médico me vio la cara de hacealgoquemeduele pensó lo mismo.

Y la re concha de la lora: 4 de dilatación.

Nos llevaron a una habitación a pasar la noche. “Pasar” es un modo super light de decirlo. En las pausas de las contracciones con algúndíamarido jugábamos a decir nombres siguiendo el abecedario. Con A: Antonio, Alejandra, Alexis, Azucena, Ángeles, Augusto, Ana, Amancio. Hasta que aparecía cualquier fruta por nombre y cambiábamos de letra. Alejo, Amparo, Ananá. Y salía la B: Bruno. Barbara. Bautista. Bebé. C. Una pelotudez, pero entre alarido va, alarido viene, pensar un nombre era no pensar que dolería de nuevo en 5  minutos.

En un momento la enfermera que andaba a las vueltas se acercó a darme un analgésico o no sé que diablos y tuvo la feliz idea de comentarme:

– Yo cuando fui mamá me programé la cesárea. Después de verlas a ustedes sufrir tanto no me animé a ir a parto natural.

Tendría que haberle pedido el libro de quejas y denunciar sincericidio.

A las seis de la mañana del 4 de abril me llevaron a la sala de “Dilatantes”. Algo que aún no se ajustaba a mi condición y los putos 4 centímetros. A las ocho llegó la peridural. Toda la mierda que una se imagina de esa anestesia con aguja enorme que te clavan en la espalda y ojito con moverte porque te puede dejar paralítica, desaparece. Ven a mí.

Después de eso: el goteo y el filo de una tijera que entró por las profundidades y rompió la bolsa. Más la médica residente, el jefe de los residentes y el obstetra experimentado que venían a meter mano. Cuando me insinuaron que si el panorama no cambiaba iría a cesárea pedí por favor que no, que me aguantaran, que después de tantas horas no íbamos a resolverlo todo con un cuchillo.

¿Estaría drogada?

Al mediodía llegó el refuerzo de la peri con la luz verde para empezar a pujar. Pujé con obediencia. Sin arrugar ni la frente para no perder energías con boludeces. Pujé mientras una médica me agarraba una pierna, algúndíamarido sostenía la otra, un residente hundía su codo en la parte más alta de mi panza y otro intentaba abrir el canal para que el niño baje un poco. A mí nunca se me escapó una puteada. Estaba concentradísima en sacarlo por las buenas. El futuro padre, siempre bien plantado, de golpe, con la escena, se puso blanco y se sentó.

A las tres de la tarde le vieron los pelos a bebé. Estábamos tan cerca… Algúndíamarido pidió un baño. En esa situación di por obvio que se estaba cagando. Me dio terror que demorara. Lo manoteé para que no se vaya. Era solo un pis. Volvió en un santiamén. Al pujo que siguió, la médica dijo: vamos. Salía.

Y en dos segundos desaparecieron todos. Me los reencontré en el quirófano. Irreconocibles vestidos de azul y bordó. El futuro padre estaba de celeste. Con gorrito. Todos gritaban y me pedían un poquito más y me sonreían y yo era como si mirara una película en turco a la que se olvidaron de subtitular. No entendía nada pero sabía que tenía que hacer toda la fuerza del mundo. Toda, toda, toda. Hasta que escuché: mirá, no te lo pierdas, que ahí llega tu hijo al mundo.

Que idiota te hace el amor. Lo escribo y se me escapa el lagrimón. A las 15.32 el chiquito asomó la cabeza y giró como tornillo hasta terminar sobre mi pecho. Ahí la vida cambia para siempre. Ahí le acariciás los pies que antes se clavaban en tus costillas. Y le besás los cachetes que imaginaste. Y le pasás la mano por la cabeza para espantarle todos los sustos posibles.

Y te das cuenta que pariste un hijo. Que te pariste madre.

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20 comentarios to “No dirás el verbo parir en vano”

  1. Celi 4 de noviembre de 2012 a 16:48 #

    Excelente pitty!

  2. Criar a un bebé difícil 4 de noviembre de 2012 a 17:46 #

    Cielo me has hecho llorar 🙂 que bonito relato y enhorabuena por esos 7 meses de mamá y me encanta eso de que te pariste madre :).
    Un besote

    • estaquetepario 5 de noviembre de 2012 a 12:15 #

      hermoso compartir esta aventura contigo, tenemos un océano de por medio y por momentos no se nota! abrazo.

  3. LAU-RA 4 de noviembre de 2012 a 18:10 #

    PRECIOSO, Intenso, muy descriptivo
    completito 🙂 hasta se me pianta un lagrim’on TE QUIERO LINDA

  4. madreinargentina 4 de noviembre de 2012 a 21:17 #

    ¡Qué belleza! Vas a ver cómo te vuelve a la memoria tan nítidamente todo, cada vez que cumpla años. Es como si apretaras un botón de “memoria emotiva” y todo reaparece una y otra vez.

    Besos!

    • estaquetepario 5 de noviembre de 2012 a 12:16 #

      debe ser que experiencias así no se olvidan nunca. en buena hora! beso grande.

  5. Sole 4 de noviembre de 2012 a 23:19 #

    Lagrimón y medio amiga. Qué excelente descripción! Me llegó hasta los huesos y mientras escribo me seco la emoción. HERMOSO.

    • estaquetepario 5 de noviembre de 2012 a 12:17 #

      gracias sole! nosotras lo vivimos todo casi en simultáneo. te abrazo fuerte.

  6. Lamamadecocoliso 5 de noviembre de 2012 a 0:26 #

    Me he emocionado al leerte. Según avanzaba el texto pensaba: igualito que yo igualito que yo.. Es mi parto.
    Sólo que yo termine en cesárea.
    Cocoliso tiene mes y medio y me tiene tan enamorada, que al mirarla me salen corazoncitos por las orejas.
    Me ha encantado tu relato.
    Un abrazo!!!

    • estaquetepario 5 de noviembre de 2012 a 12:20 #

      me emociona emocianarte! y los corazones creo que nos saldrán por las orejas por siempre. otro abrazo para tí y cocoliso.

  7. maru poccia 5 de noviembre de 2012 a 12:11 #

    ufa…me encuentro meta tipear y moquear, en medio de la oficina, olvidando los pudores y sabiendome perdonada (las embarazadas somos sensibles, es la excusa!)… por varias razones, primero poder compartir de alguna manera con vos esa experiencia unica…dps por la alegria de imaginar ese gordo bello con ya 7 meses, y tercero por la pura emocion de saberme pronto por esas situaciones, siempre me encanta leerteeee….te mando un besoteeee

    • estaquetepario 5 de noviembre de 2012 a 12:24 #

      maruuu, el embarazo nos da impunidad total! llorá, moquea, andá a tomarte un helado, dormí un rato más de la cuenta y soñá con lo que se viene que es tan caótico como maravilloso.

  8. mimamamelima 23 de diciembre de 2012 a 5:51 #

    Me hiciste llorar con ese final, la verdad es que no hay nada más hermoso que ese instante. En mi grabación mientras tengo a Sophie en mi pecho miro la cámara y tengo una sonrisa que no me vi nunca, una mirada increíble, siempre lloro cuando veo esa parte porque me transporta automáticamente con ese momento.
    Es dificil ser mamá pero es lo mejor del mundo, vida, planeta ♥

  9. Monica Geller (@jallus) 24 de mayo de 2013 a 17:54 #

    la puta madre me hiciste llorar con ganas !!!

  10. Vicky 24 de mayo de 2013 a 20:03 #

    🙂 Hermoso.

  11. CAarolina 25 de mayo de 2013 a 10:46 #

    bellisimo relato!! te felicito, la descripcion es universal, creo. La emocion tambien.

  12. pibitoiscoming 25 de mayo de 2013 a 10:57 #

    Lloro. Te quiero!

  13. uruperika 27 de mayo de 2013 a 17:16 #

    Me has hecho pensar en mi post. Nos conociamos ya?http://www.chicaperika.com/2012/12/hay-alguien-nuevo-en-casa.html

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