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Coger-comer: una letra de diferencia

19 Oct

TRIBUTO A LAS MADRES

me dijo una vez algúndíamarido: “¿qué necesitas?, te juro que me das lástima”. nos merecemos este homenaje colectivo e incorrectísimo.

4. Coger-comer: una letra de diferencia

Por M.H.*

Pocas cosas son tan ficticias como el velo virginal que cubre la maternidad en el inconsciente colectivo. Como si los hijos realmente salieran de un repollo. Como si las cigüeñas no pagaran impuestos en la Aduana. Todos sabemos que todos cogemos. Pero no, mejor mantener la imagen de embarazada homogénea, rosa, lobotomizada.

Cuando estaba embarazada se me disparó la libido, como un gol 97 cuando se le quema el electro-ventilador (hirviendo, a punto de fundir). Así estuve las 41 semanas completas. Me gustaban todos, particularmente uno, al que acosé de las formas más vulgares, y cuando él no tenía ganas yo le gritaba que se hiciera cargo, porque era culpa de él, porque yo antes no era así de alzada. Me cansé de enviarle notas de revistas o artículos científicos sobre los beneficios del orgasmo durante el embarazo o que explicaban que el sexo era el mejor ejercicio para preparar los músculos para el parto.

Cada semana que pasaba lo atacaba más con la excusa de que andá a saber cuando vamos a poder de nuevo. Finalmente, el niño nació por cesárea y el obstetra, sin que nadie le pregunte, recomendó nada de intimidad hasta que te saque los puntos.

Tres días después volvimos a casa. En tres días Jesús pudo resucitar de entre los muertos, y yo no pude cumplir con la abstinencia. Por eso Jesús es Jesús y yo soy yo.

Era de medianoche y el bebé se había dormido. Era la oportunidad. Era la primera vez. Nunca pensé que iba a extrañar tanto al misionero. Al fin lo podía atrapar todo, como si fuera la diosa de las mil manos. Y en el mejor momento nos paralizamos: se escuchó un grito agudo, con bronca, con hambre, seguido por dos o tres gritos más, todos provenientes de la cuna de al lado. Sin caer en el morbo de los detalles fue mi primer –y último– menage a trois.

Así comenzó nuestra vida de padres.

Durante varios días analizamos la posibilidad de haber traumado al niño. Hablé con el obstetra, que atinadamente dijo se trauman los papás, un niño no se trauma por un acto de amor. Igual, por las dudas, no lo hicimos más en su presencia (o un par de veces, a unos metros, cuando estaba re-dormido).

Un día, durante las interminables visitas de parientes y amigos, una mala persona me agarró del brazo y me dijo ahora cuídate, porque enseguida se viene el segundo, las mujeres son más fértiles en el post-parto. El-se-gun-do. Abrí los ojos de espanto y me corrió un escalofrío por la espalda. Ahí empezó EL TRAUMA, así, con mayúsculas. Una está mal dormida, mal comida, malhumorada, descuidada, sola-con-el-bebe, y a partir de ahora también iba a estar mal cogida. Gracias, querida y feliz día del amigo.

Bastó con solo una frase para entender cual iba a ser de ahí en más el mejor anticonceptivo: pensar en “Elsegundo”. Y listo. Seca como arena del Sahara. Ojo, hijo es todo para mi, lo amo con locura, pero el agotamiento mental y físico, las fricciones con el mundo por su crianza, y la necesidad de reconectarme con mi eje me impiden siquiera pensar en otro-hijo.

No hace falta explicar que la falta de sexo se convirtió en necesidad permanente de comer. Entre comer y coger sólo hay una letra de diferencia. El mecanismo es igual: meter algo al cuerpo de manera placentera. Eso que algunos llaman angustia oral. Engordé 10 kilos.

A poco de que hijo cumpliera un año, la abuela materna vino a casa. No paró de preguntar y revolver. Hasta que llegó al cajón de la cómoda donde guardo la ropa interior. De más está decir que con los kilos de más, los elásticos ceden. Revolvió, miró y estiró una bombacha medio deshilachada. Mientras lo hacía, con la mirada fija en el calzón, dijo ¿vos no estás teniendo sexo últimamente, no?

No le contesté. Agarré la cartera, las llaves y fui a la farmacia de la esquina. Compré una caja de Jazmin y tres de forros. Esa noche empecé a adelgazar.

.

*amiga de identidad reservada, de esas pocas que te lo cuentan todo, como verán.

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