La maravilla

7 Sep

Siempre dije que había dos cosas que nunca me iban a entrar en la cabeza por más que me las explicaran un millón de veces. Una: cómo es posible que los aviones vuelen. Dos: cómo hace una cámara de fotos para capturar una toma. Con el embarazo sumé la tercera: cómo es posible que haya vida dentro de una.

Mi panza creció desde el comienzo. Sin hacerse esperar. Sin disimulo. A los dos meses el elástico de los calzones dejaba en mi piel una marca como de neumático que frenó de apuro. Me molestaba que me quisieran tocar, pero mis manos, casi inconcientemente, hacia allá iban. Era un acto reflejo. Un modo de leerme, de encontrarme en ese nuevo mapa, de reconocer el territorio. De apropiarme.

Al tercer mes el botón de mis jeans talle bajo no prendía. Me compré calzas y fui feliz pensando que se venía el verano. No sé cuándo me pareció sentir un burbujeo. Pensé en un pez escabulléndose en mi vientre. Supe que la maravilla empezaba a revelarse.

El día que el bebé patea por primera vez las palabras se te acaban. Levantás la vista y mirás a tu alrededor porque no podés creer que nadie en el mundo se haya percatado de ese movimiento. Te quedás calladita, no te querés mover, decís, ¿será o no será? Hacés fuerza para que lo haga de vuelta. Que patee. Que patee. Y le decís a algúndíamarido que toque ahí. Algúndíamarido toca y espera, espera, espera. Nada. Saca la mano y zas. Patea. Entonces le decís que toque de nuevo. Así hasta que te mira feo y entendés que le estás rompiendo las pelotas.

No es que de golpe me convirtiese en la embarazada cursi de la que estaba huyendo. Como dice la canción yo sólo me sentía “rara, como encendida”.

Ese verano fuimos a una playa al sur de Brasil. Estaba de seis meses. El agua tibia, el sabor del mar en los labios, la arena en el ombligo y el sol sobre la piel embadurnada de protector solar 100, me hicieron levitar. El bebé se movió como loco durante todo el viaje. Mi mano sobre la panza era casi un tic. Tanto que a todas mis remeras les saltaron esas bolitas que se les forma a la ropa requete gastada.

Hasta que llega un momento en que la criatura empieza a tirar patadas voladoras. Un día en el colectivo una vieja me dijo: cómo se mueve el chiquito. Cuando me comía unas rabas en el restó de la vuelta de casa el mozo vió el sacudón y casi horrorizado preguntó: ¿eso lo hizo el bebé? Mi compañera de trabajo los últimos meses hacía hi 5 con la patita del changuito que sobresalía a la altura de mis costillas.

El último tiempo terminás siendo una panza con una mujer detrás. Pero te sentís la tipa más linda del mundo. Porque estás linda. Porque te mirás al espejo y te autoregalás una sonrisa. Porque te subís al micro y el colectivero grita: “mujer embarazada”. Y en el banco no hacés cola. Y en el super tenés prioridad. Y los hombres te piropean igual, te dicen locuras como: le doy el apellido. Te reís con ganas a pesar de que la panza está tan enorme que hasta te cuesta respirar. Y ahí vas, revoleando las caderas, haciendo de la vereda tu exclusiva alfombra roja.

Sólo la cagan los que te ven y pretenden saludar primero al bb-en-camino que a una. Aún sos una mujer con una panza. Ignorás que pronto serás un par de tetas con una mujer que las sigue. En buena hora que entonces les ponía los puntos a todos:

-Ni se te ocurra, hasta que no esté afuera, me das un beso a mí primera.

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10 comentarios to “La maravilla”

  1. Sole 7 de septiembre de 2012 a 12:11 #

    Jajajaja!… me sacaste más de una sonrisa y hasta risotada con este capítulo!… hermoso y real.

  2. Bertita 7 de septiembre de 2012 a 12:46 #

    muy buen relato. Otra época la mía, con vestiditos preciosos a los q se le iba ensanchando la cintura, fruncidos y si te pateaba el bebé no se notaba. Las mallas llevaban una tela encima de la panzay eran muy bonitas. Recuerdo q rendí la última materia en la universidad ya de varios meses y le teníamos terror al mapa de Arg, claro era la carrera de geografía, me paré frente al mapa con el puntero y el profe, un francés me dijo no por favor sra siéntese, el primer regalo de mi primogénita…
    Un abrazo

  3. Flor B. 7 de septiembre de 2012 a 13:57 #

    Cuánto amor, infinita sinceridad…

  4. Celi 7 de septiembre de 2012 a 18:43 #

    quiero decirte que disfruto muchísimo de cada capítulo, entrega, episodio o “post”. Una vez una amiga quiso hacer esto de tener un blog sobre el embarazo que sólo suscitó bostezos –inconfesables– de este lado. En el fondo,tenía miedo de que se repetiera la historia. Pero está visto que cuando se escribe bien, cuando la prosa fluye, no me duermo para nada y quiero más. Avanti!

  5. melina 7 de septiembre de 2012 a 19:22 #

    La verdad que comence a leer el relato y me dio mucha ternura, se me llenaron los ojos de lagrimas.. despues me rei como loca.. Me encanto.. un besote

  6. LAU-RA 7 de septiembre de 2012 a 21:10 #

    Cada relato es sentirte a mi lado tomando mates!! Precioso precioso!! Que hermosa mujer en la que te has convertido 🙂 ABRAZOTEEE

  7. Ceci Ramirez 18 de septiembre de 2012 a 20:43 #

    grandes verdades redactadas con un tierno humor. Lo vivi y me encantó. Saludos a todas las super mujeres q son madres. 🙂

  8. Marie 26 de junio de 2014 a 12:04 #

    Es tan maravilloso todo ese procesó aún y con todo lo malo y las preocupaciones, no dejas de sentir nunca el milagro del que estas siento participe! Y eso te hace la más feliz, y la más bendecida! Saludos y te leo desde hoy!

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