Narnia

28 Ago

Odié con toda mi alma a la obstetra. Llegué a la consulta sola, casi descompuesta de los nervios, estaba pálida, me hacía sonar los nudillos, los huesos de las muñecas, hasta los codos. Lo supo. Se me notaba en la cara. Mientras anotaba la fecha de última menstruación y hacía girar una ruedita de cartón para calcular cuándo nacería el bebé, me preguntó por el padre, a qué me dedicaba, cosas así. Le conté. Y al levantar la vista para decirme que el parto sería a mediados de abril, me mostró una sonrisa de esas que hablan. Casi me susurraba al  oído: tehubiesescuidadopendeja-pero-dequétequejás.

Claro, tener 30 años, un título universitario, pareja estable y departamento con dos dormitorios me convertían en candidata perfecta para ser madre. Yo puse cara de imbécil. Porque me sentí una imbécil. Quedé muda. Jamás se enteraría que ese segundo cuarto que ahora pasaría a ser del bebé en camino iba a ser mi escritorio. Que después de 4 años viviendo en un monoambiente, esa habitación con puerta sería un rincón donde construir mi platónica oficina de redacción.  Una puerta. ¿Tendría ella idea de lo que representaba una puerta para mí? Podría cerrarla, o sea: encerrarme. Tendría mis libros, la computadora, un corcho en la pared para pegar tonterías y un mandala que estaba pintando mi cuñada. Cuántas notas escribiría en ese cuarto que hasta tenía nombre propio: algúndíamarido le decía Narnia porque era helado. Bastaba abrir la puerta, esa puerta, mi puerta, para meterse en el Polo Norte. Lo simple suele ser siempre tan pero tan difícil de explicar.

Me fui del consultorio con una orden de laboratorio, otra para comprar ácido fólico y la tercera con la fecha de la próxima ecografía. En la calle el fresquete de los primeros días de septiembre me ventiló las ideas. Jamás volvería a ver a esa doctora. Ni iba a permitir que me pisoteen así los sentimientos.  Caminaba y pensaba en Narnia.  Por cosas como éstas, que me siguieron pasando, empecé a considerarme rara. Nadie me había contado que las embarazadas tenían derecho a otra emoción que no sea la felicidad absoluta y rosada como el más enorme copo de nieve. La felicidad también podía caber en una puerta.

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7 comentarios to “Narnia”

  1. Celi 28 de agosto de 2012 a 14:12 #

    Que grande!Muy bueno el blog! Para hacerle honor lo leo mientras amamanto. Espero el próximo capitulo!

  2. Sole 28 de agosto de 2012 a 14:42 #

    Muy bueno! estoy enganchadísima con la historia… quiero más!

  3. Pat 28 de agosto de 2012 a 15:17 #

    Mi niña madre hermosa: Este segundo post promete más que el primero y eso es mucho. Me encanta! Narnia es genial. Sabía, lo comprobé sola, que ese cuarto era el polo norte, pero algúndíamarido le encontró el nombre perfecto. Sos grosa. Y sos mi amiga. Me sale una sonrisa de orgullo. Te quiero.

    Pat.

  4. Flor B. 28 de agosto de 2012 a 17:11 #

    Pat es grosa y es mi amiga también. Puro orgullo como decís…
    Quiero más!

  5. Rudy 28 de agosto de 2012 a 19:17 #

    Lo leo y te veo totalmente reflejada… quiero el proximo por favor!!! Tequiero! 🙂

  6. BBsebusca 7 de junio de 2013 a 10:24 #

    Las segundas partes pueden ser mejores…..Te quiero

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